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Los puntos cardinales

El faraón Mubarak le gana un pulso al moderado Mursi

Octubre 17, 2012

No ha cumplido todavía cuatro meses en el poder y Mohamed Mursi ya conoce en primera persona que Montesquieu no tiene sitio en Egipto. Y ha aprendido la lección de la inexistente división de poderes con un primer varapalo que pone de relieve las limitaciones que tiene como jefe del Estado. Hace unos días, Mursi adoptada una decisión valiente con la que se simbolizaba la ruptura total con el antiguo régimen, al destituir a quien fuera fiscal general de Hosni Mubarak, Abdel Maguid Mahmud, muy generoso con algunos de los responsables de la violenta represión durante las revueltas del año pasado en la Plaza de Tahrir.

El presidente tenía previsto un relevo sin estridencias, pensando que una salida honrosa para Maguid sería pedir su plácet al Vaticano para que hiciese las maletas y se trasladara a un destino tranquilo pero políticamente apasionante; la representación de Egipto ante la Santa Sede, o lo que es lo mismo, ser delegado del país árabe más importante gobernado por un islamista ante el Estado Vaticano. Sin embargo, el fiscal movió sus múltiples resortes en la Judicatura y dobló el brazo de Mursi, que lacónicamente tuvo que admitir ante la ciudadanía que había alcanzado un acuerdo amistoso para que Maguid Mahmud regresase a su puesto con total normalidad. Al instante se inmortalizaba una preocupante fotografía del Egipto real. Centenares de partidarios y detractores de Mohamed Mursi volvía a darse cita en Tahirir, donde una vez más las piedras surcaban el contaminado cielo cairota de uno a otro lado. Eran los peores disturbios desde que el presidente islamista se instalase en el poder, y a la postre un enorme retroceso para este musulmán moderado que ejerció la docencia en California y que, poco a poco, ha ido dando pasos para consolidar su mandato manteniendo una buena sintonía con Estados Unidos y con algunos gobiernos occidentales.

El coste de dar marcha atrás

Al desdecirse de su decisión inicial, Mohamed Mursi se tuvo que escudar en supuestos malentendidos, mientras decenas de compañeros de leyes del fiscal general celebraban su permanencia en el cargo como una victoria. Porque lo ocurrido no es un simple episodio más. Recuerden que los jueces disolvieron el Parlamento egipcio sin que les temblase el pulso. La gran pregunta que vuelve a surgir es dónde se sitúa la frontera y el límite entre los diferentes poderes. Con el silencio prudente del ejército, los togados el constituyen ahora el principal grupo de presión de un país complejo sumido en una complicada transición. Sorprendió que la destitución del hasta entonces todopoderoso mariscal Mohamed Hussein Tantawi fuese aceptaba con una aparente normalidad democrática por quienes habían sido los garantes del absolutismo de Mubarak.

Mohamed Mursi lucha contra los salafistas radicales, mientras combate a la vez contra los herederos del antiguo sistema judicial, sabedores de que el faraón Mubarak aparece cada vez que se investigan sus secretos, como en las películas de serie B.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.