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Los puntos cardinales

El fantasma de un gangster asusta al Vaticano

Mayo 2, 2012

No habría espacio en estas líneas para enumerar las razones por las que Roma es única y maravillosa. En cada uno de sus rincones se respira la presencia perenne de la historia. Y también, desde luego, en su subsuelo. Si hablamos de la ciudad eterna no podemos obviar el espacio que ocupa el Estado Vaticano, que a la vez es una fuente inagotable de secretos y misterios sin resolver, muchos de ellos fuera de la Ley. No en vano, el genial Mario Puzo definió a los Borgia como “la primera familia del crimen”, haciendo un retrato del Papa Alejandro VI como un padrino de finales del siglo XV.

Desde entonces, las relaciones de La Curia con protagonistas de lo ilegal no han dejado de sucederse. Hace unos días conocíamos que la Santa Sede tiene intención de exhumar los restos de Enrico de Pedis, conocido en el mundo del hampa romana como “Renatino”, quien durante finales de los setenta y primeros de los ochenta lideró la banda de la Magliana.

Con la Iglesia hemos topado

Para conocer las andanzas de este grupo les recomiendo la lectura de “Una novela criminal”, escrito por el juez Giancarlo Di Cataldo. Los que comenzaron siendo un puñado de delincuentes de poca monta acabaron al frente de un entramado que llegó a controlar gran parte de las actividades delictivas de la capital italiana, estableciendo una compleja red en la que había sitio para narcotraficantes, periodistas, agentes de los servicios secretos, políticos, empresarios y, por supuesto, dignatarios de la más alta institución de la Iglesia que no torcieron ni el gesto ni la mano cuando se les propuso recibir generosas donaciones de “Renatino”, que finalizó su vida aventurera en 1990 lleno de plomo sobre un charco de sangre.

Sabedora de las contribuciones realizadas por el gangster, su viuda consiguió que el cardenal Ugo Poletti ensalzase al criminal en un escrito en el que le describía como un gran benefactor de los necesitados. Esa carta fue el mejor aval para que “Renatino” recibiese sepultura en la capilla de un templo del Opus Dei que hasta ese momento únicamente había albergado cadáveres de notables figuras de la Iglesia.

El Banco Ambrosiano y la extraña muerte de Juan Pablo I

Ahora, alguien en la Casa de San Pedro ha querido poner fin a esta sombría historia y ha propuesto la exhumación de “Renatino”, a quien, por si faltaba poco, se relaciona con la desaparición de la hija de un funcionario vaticano hace veintinueve años.
Los tiempos de la Magliana fueron también los de la Logia P-2, Roberto Calvi, Michele Sindona, monseñor Paul Marcinkus, del Banco Ambrosiano y de la extraña muerte de Juan Pablo I aún sin esclarecer. Justo cuando el Papa Luciani se interesaba en investigar en qué turbios negocios andaban metidos algunos miembros del Cónclave acabó falleciendo en su cama. Todos estos hechos se hallan magistralmente detallados por el investigador David Yallop en su valiente obra “En el nombre de Dios”.


Un cardenal vaticano con revólveres y fusiles

Y había, desde luego, más ingredientes en esta pócima de difícil cocción, como el permanente velo protector de la Democracia Cristiana que todo lo cubría, y el papel de la mafia y sus relaciones financieras y comerciales con El Vaticano que a todos nos dejaron boquiabiertos gracias a Francis Ford Coppola en “El Padrino III”.

La oscuridad abre sus majestuosas puertas a escasos metros de la Columnata de Bernini y por allí deambulan todavía demasiados fantasmas. Pero entre los vivos, los hay como el cardenal Domenico Calcagno, que guarda revólveres y fusiles en su armario vaticano, lo que viene a poner de relieve que bajo la Cúpula de San Pedro existen discípulos de Cristo cuyo reino sí es de este mundo.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero