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Otras opiniones

El falso Príncipe de Paloma Lago

Febrero 1, 2010

Es increíble cómo nos pueden afectar las casualidades. Carl Jung hablaba de sincronicidad y de coincidencias significativas. Pues bien, hace escasos días en una conversación con Ana Obregón sobre famosos estafadores le conté una historia muy interesante de un Príncipe polaco que engatusaba a las mujeres para enamorarlas con el objeto de sacarles la pasta. De ninguna manera pude imaginar que escasos días después fuese a encontrarme con su “Alteza Real” en el mismo Juzgado donde el hijo de Toñi Salazar prestó declaración y muchísimo menos imaginar, que la presunta estafada por el Príncipe fuese la ex cuñada de Ana, Paloma Lago. Al verme agachó la cabeza y se metió en el ascensor preso de pánico… Ahora sé porqué.
El Príncipe encantado del que estamos hablando se llama Woctiech Zaleski y más de una víctima a sus espaldas. Hace cuatro años la mujer de un famoso marqués y su íntima amiga, una guapa ejecutiva catalana fueron cautivadas por el atractivo Zaleski. No piensen que las guapas por serlo son tontas porque este sujeto es capaz de engañar a cualquiera. No estamos hablando de aquel novio de Sofía Mazagatos que alquilaba disfraces en Cornejo para hacerse pasar por Capitán de la Marina o productor de Falcon Crest.

Primo hermano de Agag

El tipo en cuestión es alto, joven, con varias carreras universitarias, políglota, conduce deportivos y vive en una mansión de más de mil metros cuadrados en una urbanización de lujo de Madrid.
Nadie ni nada podría haber hecho presagiar  las malas artes de aquel individuo que podría parecer el primo hermano de Alejandro Agag o del mismísimo Príncipe Felipe.
Enredadas por sus encantos, las dos jóvenes bellezas decidieron invertir en los presuntos negocios que habían llevado a Zaleski a cosechar su aparente fortuna. Invirtieron millones en un exitoso negocio de importación de caseína proveniente de Ucrania y en la creación de una firma de cosméticos. Decía ser socio de Mario Conde y propietario de una fábrica de leche en Burgos con más de 900 empleados.

Un Drácula

La puesta en escena para atrapar a sus víctimas era impresionante: Castillos, hoteles de lujo, barcos, siervos, viajes y reuniones con altos ejecutivos rodeados de escoltas… Doy fe, puesto que yo misma estuve en Polonia con el falso Príncipe. Todavía recuerdo como le besaban la mano en el Hotel Bristol de Varsovia. El ritual era fantástico: enviaba días antes un telegrama o fax al hotel con su membrete de casa real avisando de que tal día el Príncipe Zaleski llegaría a su destino y a cada Hotel al que acudía (eso sí de cinco estrellas), le recibían con honores y le perdonaban la factura.
Sin embargo, ya en el aeropuerto rechino en mis dientes que llenase mi cesta con perfumes y otros objetos de marca espetándome que no llevaba cash. Quince años ejerciendo como penalista agudizan mi olfato y mi instinto y nada mejor que un astuto defraudador para revolverme el estómago de forma automática.
Como pueden imaginar ni la caseína ni los cosméticos llegaron a existir jamás. La modelo de las cremas me contaba el pasado verano con cierta nostalgia cómo Zaleski se había quedado con 200 euros suyos y una primera edición de un libro de Drácula. Le contó que descendía de Vlad Tepes, el auténtico Drácula en el que luego se basó la historia. Por este motivo le pidió prestado el libro que  jamás le devolvió.
Finalmente, la historia de este vampiro termina en que las dos jóvenes le interpusieron una querella en la Audiencia Nacional por un delito de estafa cometido en el extranjero contra dos ciudadanas españolas y que tuvo un resultado feliz ya que pudieron recuperar su dinero.
Moraleja: Tengan cuidado con el cuello, el Conde Drácula está suelto y no se les ocurra regalar jamás ni a Paloma ni a Ana un viaje a Polonia.

Teresa Bueyes