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El mayordomo

El estilo Zapatero

Junio 13, 2010

Es de todo punto inadmisible que el máximo representante del Gobierno de una imagen tan “arrugada” de nuestro país


Hace tres semanas analizábamos la indumentaria de tres de los Presidentes Europeos más influyentes de la Unión Europea: Gordon Brown, Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi. Aprovechando el estudio de la forma de vestir de cada uno de ellos también tuvimos la oportunidad de, con datos objetivos, exponer el impacto que su aspecto físico tiene sobre sus audiencias.

Si hacemos caso a los rumores que apuntan a que el número de asesores del Presidente pasa de las dos cifras resulta asombroso comprobar como ninguno de ellos se dedica a aconsejarle sobre su vestimenta; o si alguno lo hace parece obvio que no lo realiza con demasiado acierto.

Nadie discute que el Presidente de un país debe vestir de forma comedida y no tener como objetivo convertirse en ningún dandi o en ser portadas de revistas de moda. Podríamos entrar a discutir sobre la elegancia o no de, por ejemplo, el Príncipe Felipe pero lo que sí está claro es que viste conforme a su cargo y estatus.

Sin embargo, José Luis Rodríguez Zapatero parece no ser consciente de que representa a más de cuarenta millones de personas y que no puede vestir como si se tratase de un ciudadano corriente más. Su imagen en el exterior es también la imagen de nuestro país.

La imagen no solo es importante para cualquier caballero sino que se convierte en un punto esencial para los personajes públicos. En gran medida, la credibilidad de sus palabras será mayor o menor según el “cuadro” que acompañe a su mensaje.

Desde poco después de ser elegido Presidente del Gobierno Español en 2004, la forma de vestir de José Luis Rodríguez Zapatero ha ido empeorando de forma dramática hasta nuestros días.

Si bien al comienzo de su primera legislatura Zapatero, o alguno de sus recién nombrados asesores, conocía de la importancia de la imagen, hoy o bien se ha jubilado aquel primer asesor o bien el propio Zapatero ha desestimado la importancia que la imagen tiene en un Presidente del Gobierno.

Después de las elecciones de 2004, la aguja del Presidente del Club de Sastres de España, D. José María Reillo se responsabilizó de los trajes de Zapatero con resultados más que positivos. Su tijera consiguió que dichos trajes del Presidente Español parecieran una segunda piel y que con su hechura, cercana a la perfección, las arrugas no tuvieran cabida ni en la chaqueta ni en el pantalón.

Igualmente, las hombreras de aquellos primeros trajes disimulaban perfectamente sus hombros algo caídos y estrechos; el talle de la chaqueta aprovechaba un torso estrecho para conseguir un efecto entallado hoy totalmente ausente; las mangas terminaban a la altura de la muñeca permitiendo mostrar la camisa; el cuello de la chaqueta no se separaba del cuello de su propietario. Sus pantalones carecían de arrugas y se limitaban a descansar ligeramente sobre el zapato. En definitiva, la imagen de José Luis Rodríguez Zapatero estaba cuanto menos a la altura de sus homólogos europeos.

Desgraciadamente, no duró mucho el idilio del Presidente con el mundo de la alta sastrería como a los pocos meses empezamos a descubrir. El cambio fue tan brusco que incluso a gente totalmente ajena y desconocedora de las mínimas pautas del vestir masculino le llamó poderosamente la atención.

Nuestro Presidente empezó a vestir trajes de confección que no solo no le favorecían en medida alguna sino que además le quedaban no una, sino varias tallas grandes. Unos hombros desproporcionados, enormes mangas, cuello desbocado, pantalones con mala caída, chaqueta que se convierte en un mar de arrugas una vez abotonada etc. se vuelven en los compañeros inseparables de nuestro Presidente.

Esas gigantescas chaquetas con esos enormes hombros solo consiguen que su rostro parezca mucho más estrecho de que lo verdaderamente es. Los pantalones excesivamente largos solo logran achicar su más de metro ochenta de altura.

La cúspide del despropósito la alcanzó en su encuentro en marzo de 2009 con Paul Frugman, Premio Nobel de Economía en 2008. Durante dicho encuentro nuestro Presidente lucía un traje donde resultaba francamente difícil encontrar un trozo de tela donde no hubiera una arruga.

Abusa de las camisas de color blanco y las corbatas cercanas al azul marino. Teniendo en cuenta el color de su pelo y de su tez le favorecería más optar por camisas azules pálidas y corbatas que contaran con algún color más vivo. No obstante, el azul marino para las corbatas podría ser un gran aliado suyo si tuviera algún dibujo de color amarillo o rojo.

A pesar de tener preferencia por los trajes azul marino, los grises oscuros le favorecen más. Como establecimos cuando hablábamos de la correcta elección del color, una de las máximas de la elegancia masculina es intentar trasmitir el color natural de nuestro pelo y nuestra piel a nuestra ropa para, de esta forma, sacar el máximo partido de nuestro físico. Por ello, si Zapatero escogiera un traje gris oscuro, una camisa blanca y una corbata tipo Macclesfield gris y blanca conseguiría un resultado más favorecedor.

Acertadamente, y no como ocurre con el jefe de la oposición, suele escoger zapatos negros y con cordones y si bien el cuello de sus camisas es el adecuado para las medidas de su rostro y cuello, el nudo de la corbata que a ellas anuda lo suele descuidar dando la sensación de tenerlo siempre caído.

José Luis Rodríguez Zapatero cuenta con una altura y una complexión envidiable que como mínimo deberían servir de excusa para que sus asesores se motivaran en cuidar más su imagen y sacar mucho más partido tanto del físico como de la vestimenta de nuestro Presidente. Quizá revisar aquellas primeras fotos con los trajes de D. José María Reillo sería un buen comienzo.

Jeeves