Menú Portada
Los puntos cardinales

El estadista Bergoglio frente a la ostentación

Mayo 27, 2014

Cada vez que se conocen las actitudes y los comportamientos de los principales protagonistas de la Curia vaticana resulta más alucinante comprobar las diferencias entre personas que, en teoría, deberían compartir objetivos. La alucinación es mayor cuando se trata de asuntos materiales o de caprichos mundanos como los que anhela cualquier pecador. Cenas carísimas de lujo y arreglos millonarios en las viviendas religiosas chocan frontalmente con el modo de vida de Francisco. El Papa, además, trabaja más allá de las preocupaciones espirituales de su cargo y tiene una firme vocación de servicio y de apego a la realidad cotidiana, como el debate abierto sobre el celibato o los abusos sexuales a menores. Su viaje a Tierra Santa de esta semana pone de manifiesto que cuando las negociaciones entre israelíes y palestinos habían entrado en vía muerta, a pesar de los esfuerzos de la Administración Obama, Bergoglio ha arrimado el hombro a la tarea. Además de visitar los lugares santos y de mantener contactos con los líderes de todas las comunidades, el Pontífice regresa a Roma sabiendo que el presidente palestino, Mahmud Abbas, y su homólogo israelí, Simon Peres, han aceptado su invitación para sentarse en torno a una misma mesa en el Vaticano. Digamos, pues, que la diplomacia de la Santa Sede se mueve en la primera línea gracias a Francisco.

Tarsicio Bertone y el Banco Vaticano

Pero en ese mundo complejo de purpurados y de intrigas encontramos también al cardenal Tarsicio Bertone, el hombre que ocupó la Secretaría de Estado en tiempos de Benedicto XVI, lo que en la práctica le convertía en el número dos, una especie de Conde Duque de Olivares del Papado con plenos poderes al alcance de su mano. Con la llegada de Bergoglio al trono de la Iglesia, Bertone pasaba a un cómodo segundo plano. Perdía competencias indiscutiblemente pero seguía disfrutando de unas prebendas como príncipe de la Iglesia al alcance de muy pocos civiles laicos, como el polémico ático de lujo al que ha sido apartado en uno de los palacios del complejo vaticano. Qué misterio y qué dimensiones no tendrá la vivienda que ningún medio coincide en el número exacto de metros cuadrados de la morada de monseñor, a quien por sus aficiones mundanas muchos le ven como a un Marcello Mastroianni con alzacuellos. Con el escándalo del ático todavía caliente en la prensa, Tarsicio Bertone se ve envuelto ahora en una investigación por la Autoridad Financiera del Vaticano. A tenor de las pesquisas realizadas por este departamento, Bertone estaría relacionado con la malversación de quince millones de euros que habrían salido de las arcas del Instituto de Obras de la Religión, al que popularmente se conoce como Banco Vaticano.

El dinero habría acabado en una productora audiovisual a cuyo frente se encuentra el presidente de la RAI, Ettore Bernabei, un buen amigo de Bertone. Por ese modo de vida y esas costumbres de estrella de cine, el cardenal sigue siendo una pesada y molesta carga para el Papa argentino, volcado como está en dejar que el aire limpio entre por las ventanas de un recinto que se ha mantenido cerrado a cal y canto durante dos mil años, apartado de los ojos y del escrutinio de los laicos. Bergoglio regresa a casa tras un viaje de auténtico hombre de Estado a Oriente Medio, preocupado por contribuir con todos los medios a su alcance a intentar solucionar en lo posible la gran asignatura pendiente de la política internacional desde mediados del silgo XX. Bertone, mientras tanto, sigue recordando cómo vivían los Borgia.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.