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Otras opiniones

El engaño del Rey

Mayo 12, 2010

El ingreso hospitalario del Rey Juan Carlos en el Hospital Clínico de Barcelona ha levantado grandes sospechas. Me siento engañado como español, como periodista y como republicano confeso. Creo que la Casa del Rey nos ha tomado por tontos. No es lógico, ni tampoco comprensible, que emitan un comunicado anunciando que la salud del Rey es magnífica, que no se han encontrado resquicios de ninguna enfermedad ni hay valores alterados, y una semana más tarde nos enteremos, cuasi de casualidad, que permanece ingresado en el área privada de un hospital barcelonés para someterse a una intervención quirúrgica tras la aparición de un nódulo pulmonar. Los médicos insisten en que el tumor ya era un viejo conocido en el cuerpo del monarca, pero que en el último año había aumentado de tamaño de una forma considerable. Además, el tabaquismo del paciente hacía inevitable la operación. Rechina, entonces, que no hayamos sido informados de ese nódulo que ya tenía presencia y que, de repente, hayamos tenido que hacer frente a una operación. Yo ya no puedo confiar en el resultado que los facultativos nos han hecho llegar y por el que se asegura que está todo perfecto. Es difícil pensar que no nos van a engañar de nuevo, sobre todo por los incontables antecedentes que tiene la Casa Real en estos aspectos. Es lo que me faltaba.
 
Tras la salida de Juan Carlos ahora se ha hecho público que el monarca quiere pagar los gastos que han acarreado su ingreso y su posterior operación. ¿Cómo? Querrá decir que seremos los españoles los que abonaremos el capricho de guarecer en un área privada de un nosocomio, de pagar el catering para la gente de su servicio y todas las comodidades, sueldo extra de los facultativos y todo el enganche de prensa. Alucinante. Sin embargo, lo más impactante es que ahora nadie sabe donde está el Rey. Es como si se lo hubiera tragado la Tierra. Nadie da información acerca del paradero actual del monarca. Todo son especulaciones. Dimes y diretes. Dicen que podría estar instalado en el apartamento que, al parecer, posee en la clínica planas de Barcelona o en el domicilio de unos amigos suyos. Debería ser obligación constitucional saber y conocer todos sus movimientos. Es injusto, hasta límites insospechados, que haya que hacer una persecución, casi siempre invalidada por el equipo de seguridad, para intentar captar una imagen del Rey ahora que ya está sano. Me produce ardor la censura hitleriana a la que los periodistas españoles todavía nos tenemos que ceñir para evitar mayores problemas. Es una vergüenza que tengamos que medir las palabras, refugiarnos en los silencios y mirar hacia otro lado. Ya no sólo porque hay asuntos privados que dirimir, sino también por otros que deberían ser de carácter público y quedan relegados al ostracismo. ¿Por qué siguen sin hacer público los gastos que cometen anualmente? Es la única monarquía que oculta sus cuentas.
 
Saúl Ortiz es periodista y novelista