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Otras opiniones

El dúo que pita en la fiesta de Mariano

Octubre 17, 2010

He conocido ya a cinco “círculos interiores” de jefes de gobierno y el sexto que está a punto de materializarse – según dicen las encuestas, pero también el sentido común – y todos ellos al final han resultado definitivos para la suerte de sus jefes. A Suárez le despeñaron los Aza y Meliá; a Aznar los Aragoneses y Timermans el 11-M.
Mariano Rajoy es persona cuidadosa que ha visto de todo en política y por derecho propio se ha ganado el sobrenombre de “Job” (sin san) en una caminata que no ha sido nada fácil y es ahí donde, a mi corto entender, demostró que tiene condiciones para convertirse en primer ministro. Ya sé que me dirán lo de siempre: que no tira, que no tiene carisma, que es un hamletiano sin remisión y no sé cuántas cosas más. Las conozco todas. Unas las respeto, otras decididamente no. Haber llegado hasta aquí es su primer triunfo. Con jirones, con metralla, pero está.
La experiencia me  demuestra, en cualquier caso, que un dirigente político además de ser gracioso ante las cámaras y no sé cuantas gilipolleces de ”imagen” más, lo decisivo al fin y a la postre, en un líder político es que tenga ideas, aguante y firmeza para ponerlas en práctica. Junto a ello, equipo.
He conocido a este respecto a unos cuantos chigarabíes de tres al cuarto que se creían estadistas sin par y resultaron ser un fiasco, ganaron mucho dinero en política, eso sí, pero auténticos productos argentinos, esto es, para comprarles en lo que valen y venderles en lo que dicen que valen. De esto Rajoy sabe un rato. Y es un gran punto a su favor.

Carmen y Moragas

Durante los días amargos previos al Congreso de Valencia, el jefe del PP, padeció la soledad como ningún otro aspirante a dirigir una gran formación como el Partido Popular. Era un muñeco al que le llovían golpes desde la cuatro esquinas y casi nadie daba un ochavo por su suerte. Dos jóvenes (dentro de un orden para los baremos actuales) estuvieron a su lado, independientemente del porvenir que aguardara a su comandante en jefe.
Carmen Martínez Castro fue una de ellas. La periodista gallega, mujer inteligente y hasta muy lista que esconde su capacidad detrás de una enorme discreción y una cierta timidez disimulada, ha jugado al lado de Rajoy un papel sustancial. Se le reconoce, y mire usted  qué es difícil que en esa grey se reconozca el talento de uno de los suyos, aunque sea a nivel técnico que es el “input” más decisivo de Carmen en ese “chollo”. Huye, al contrario de otros que ocuparon antes su sillón en Génova 13, de cualquier protagonismo y su eficacia y trabajo no se discute. Para que los malintencionados y listillos de siempre no tengan coartada tengo que decir que he hablado con ella tres veces. Pero sigo su trabajo y sus resultados.
Por decirlo todo, me parece indigno y repugnante algunas cosas sembradas arteramente por los que utilizan la Red para esparcir basura “ad hoc”. Esta es una mujer limpia.

El diplomático de Barcelona

El otro vector en el entorno del más que probable presidente del gobierno es Jorge Moragas, a la sazón jefe del Gabinete y responsable de las Relaciones Internacionales del PP. Trabajó en Moncloa en calidad de diplomático con dos presidentes y ahora mismo es el gran edecán del presidente popular.
Estuvo en las amargas horas de la incertidumbre, apostó y ganó. Punto. Y, además, su antiguo jefe (Aznar) siempre le aleccionó acerca de la fidelidad debida al presidente del partido. Es lo que hace seguir el consejo del gran leviatán de FAES.
Le van a llover obleas xacobeas por toneladas pero eso ya lo tiene descontado. Está en el sueldo de “míster NO” cuando se ocupa el antedespacho del jefe. Creo, modestamente, que este diplomático catalán y su inevitable mochila  es una garantía para las espaldas de Rajoy.
Lo más importante en ambos casos, además de la fidelidad que no se supone, es, sin duda, tener cabal conciencia de su rol y dedicarse “full time” a la encomienda. Los que andan buscando ya atajos para llegar al “quiet man” de Pontevedra que apunten estos dos nombres.  
P.D. El tercer hombre que entre marzo y junio del 2008 no dejó de calentar el extinguible rescoldo del entonces vituperado Rajoy fue Esteban González Pons. Ese valenciano que ven en la tele dominando un puño de hierro en guante de raso.  

Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es