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Otras opiniones

El drama de Anahit

Marzo 24, 2010

La muerte de un hijo es, por lo que dicen, uno de los dolores más insoportables por los que pueden atravesar los padres. Hace unos días, mi amiga Beatriz me explicó un caso que, al recordarlo, sigue entrándome escalofríos. La negligencia de un médico de Cuenca provocó la repentina muerte de una pequeña niña armenia que vivía en España y que no llegó a cumplir los díez años.
 
Un buen día, la pequeña Anahit acudió a su médico de cabecera aquejada de unos fuertes dolores abdominales, alta fiebre y vómitos constantes. El médico que le atendió, la examinó rápidamente y la mandó a su domicilio tras diagnosticarle inflamación de las anginas. Los días pasaron, la fiebre que atormentaba a sus padres aumentó de forma repentina. Tanto, que sus grandes ojos claros parecían oscuros y hasta rotos. Alarmados por los quejidos de la pequeña, sus padres decidieron trasladarla con urgencia al hospital Virgen de la Luz de Cuenca. Para sorpresa de todos los allí presentes, la niña entró en coma profundo y jamás volvió a despertarse. Quizás por ser extranjeros, quizás porque en ese nosocomio no hay gente de buena voluntad, los facultativos mandaron a Anahit al hospital de Albacete, donde no pudieron hacer absolutamente nada. Una infección que llegó hasta el cerebro impidió que los médicos pudieran rescatarla de las garras de la muerte. No fue el único desaliento para los padres que viven estos días los peores momentos de sus vidas. La bochornosa e indecente actitud de quienes trataron con los armenios denotó un exceso de xenofobia que debería ser puesto en manos de las autoridades pertinentes. Nula información y, sobre todo, carencia de buenos modales y cariño hacia esas pobres tristes personas.
 
Desde que se produjeron tan dramáticos acontecimientos, la familia anda sumida en una insufrible pena. Nadie entiende lo que ha pasado y las lágrimas ruedan sin descanso por los rostros de quienes la querían y resguardaban. Su abuela, a la que Anahit quería con impulsiva locura, nunca pudo entregarle unas pequeñas reliquias de oro que, con mucho esfuerzo, le había comprado como regalo por esos diez años que no llegó a cumplir. Los padres, Haovhannes y Gayane, moverán Roma con Santiago para destripar los verdaderos motivos del fallecimiento de la pequeña y, sobre todo, para que tamaña negligencia sea pagada y, sobre todo, asumida. Para colmo, la familia de Anahit no pudo repatriarla a su país porque no tenían los suficientes ingresos como para afrontar los quince mil euros que costaba el traslado. Insólito. Para eso tenemos a este Gobierno que ni siquiera en este aspecto son capaces de resolver.
 
Para todo ello, la familia ha puesto a disposición de quien quiera ayudarles, una cuenta corriente en el banco Santander Central Hispano.
 
Las donaciones irán íntegras a la familia: 0049/4917/13/2996653360
 
Hagamos justicia.
 
Saúl Ortiz es periodista y novelista