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Otras opiniones

El dinero de los políticos y su rentabilidad

Noviembre 7, 2010

Algunos se han rasgado las vestiduras hasta convertirlo en escándalo que la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, cobre al año 240.000 euros anuales, suma de distintos sueldos por diferentes cargos. Hace no mucho supimos que la nueva ministra de Sanidad, ¡manda carallo!, Leyre Pajín se embolsa 21.000 euros mensuales producto también de la suma de diferentes cargos y carguetes en el PSOE y en las instituciones parlamentarias .

Hay muchos más y que ganan más, mejor dicho, cobran más.

¡Una pasta! Sobre todo, en los tiempos que corren. Lo que es sangrante es que ese dinero venga del erario público. Porque estoy seguro que la vicejefa del PP ganaría más en el sector privado como abogada o consejera de grandes compañías. Al menos, conocemos sus ingresos porque ella ha hecho declaración pública de los mismos, lo cual es un dato de agradecer y un requiebro a la transparencia que muy pocos de sus colegas ponen en práctica. Por ejemplo, José Bono, un escualo donde los haya y al que aparecen hípicas, lavanderías, pisos por doquier y lo que no debe de conocerse.

Esto es lo realmente preocupante. Aquellos dirigentes públicos que no podrían justificar su patrimonio con su sueldo y todos sabemos que detrás de ello se esconde la sombra de la corrupción y de las irregularidades. Ya sé que me vendrán con el sempiterno cuento de que la mayor parte de los políticos son honrados; eso habría que comprobarlo, aunque sin datos, a nadie en concreto se puede acusar. Pero el olfato popular va más allá y conoce el predio. Hay cazo puesto a discreción, por doquier, a gogó. Dígase lo que se quiera. Puede que en muchos supuestos no sea corrupción entendida como tal pero sí aprovechamiento del poder.

¿Alguien habrá auditado alguna vez con criterios de rentabilidad a esta caterva de zampabollos?

Oropel a cuenta de la gente humilde

Hay por ahí algún gilipollastro que escribe sandeces como esta: la clase política española está muy mal pagada y habría que subirles sus denarios para así evitar tentaciones de corromperse. ¡Oigan, no me vengan con paqueiradas! Porque el que quiere corromperse lo hará con doce mil euros mensuales de salario o con 30.000. Porque, además, muchos dirigentes políticos, por no decir todos, además de sus sueldos, gozan de  dietas, gastos de representación, coche oficial, bla, bla, bla, tienen vivienda oficial y hasta mayordomo.

Toda esta mandanga concluye que luego, por ejemplo, el alcalde de Madrid, Gallardón, no sepa la que cuesta desplazarse por la ciudad que rige ni lo que cuesta aparcar el automóvil; lleva subido casi toda su vida en coche oficial…

Viven como antes de la crisis

En Madrid se puede ver a diario ese ejercicio de gasto incontenible del que hablo. Todos los dirigentes, repito todos, viven como antes de la crisis. Los mismos coches oficiales, los mismos restaurantes que pagan los ciudadanos, los mismos sueldos digan lo que quieran, las mismas sinecuras. Todo exactamente igual.

Yo veo a diario a concejales del Ayuntamiento de Madrid, a los que no conoce ni su padre,  apearse todas las mañanas muy orondos en su coche oficial y con su escolta. Y hay que recordar que la capital arrastra una deuda de 7.200 millones de euros que resulta insostenible a corto, medio y largo plazo.

Si no hay una respuesta ciudadana contundente y organizada estos políticos nos comen hasta la miseria que empieza a ser generalizada en la España de la crisis.

¡Qué jetas!

Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es