Menú Portada
¡Qué fuerte!

El dichoso velo

Abril 22, 2010

Hace unos años estuve en Egipto. Desde pequeña había soñado con visitar este país. En El Cairo, quise visitar una mezquita. Aunque era diciembre, el sol calentaba sin piedad y la ropa que llevaba era más bien ligera y fresquita. En la entrada me dijeron que debía cubrirme los hombros, ponerme un pañuelo en la cabeza y quitarme mis zapatos para pasar descalza. Son las normas de la mezquita. Respeté sus normas y, como no me interesó y no me convino, no pasé a verla. Es tan sencillo y claro como esto. No hay que darle más vueltas.

En casi todos los sitios hay normas. Tienes que dejarte registrar para volar en un avión. O no pasar con zapatillas deportivas a un local nocturno. Ponerte corbata y chaqueta para comer en ciertos restaurantes… Pues si el Instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón tiene la norma de no poder cubrirse la cabeza con nada, se cumple si aceptas entrar en él, y si no, es tan sencillo como buscar uno que no tenga esta norma, que los hay al lado.


Respetar las prohibiciones

Ha comentado un marroquí residente en España que “en Marruecos no prohibimos a las españolas llevar minifalda”. Claro, a las españolas no, y bien que se le salen los ojos de las órbitas mirándonos las piernas y los escotes. A las españolas no, pero está mal visto que la lleven sus mujeres allí. En España tampoco prohibimos a las musulmanas que lleven su velo o lo que quieran, ¿o es que no se ven por las calles a mujeres con la cabeza cubierta? Hace poco vi algo que me sorprendió y dejó estupefacta. Estaba en la peluquería y había una chica guapísima, con un pelazo impresionante, morena, melena larga, a la que estaban peinando. La dejaron espectacular y, mientras la peluquera preparaba la cuenta, ella se aplastó todo el pelo con las manos y lo escondió debajo del dichoso pañuelo. Lástima de trabajo de la peluquera y qué pena que no pudiera lucirlo y lucirse por la calle.

Ellos tienen prohibido usar zapatos en las salas de oración de sus mezquitas y si usted quiere entrar, tiene que respetar esa norma y quitarse también los zapatos. Tengo entendido que está mal visto entrar a una mezquita después de haber comido algo que huela fuerte. Los hombres deben llevar ropas holgadas y limpias que no revelen la forma del cuerpo. No digamos ya las mujeres, que tienen que vestir con trajes sueltos para no marcar su cuerpo, y camisas y pantalones que cubran hasta las muñecas y tobillos. Y si usted quiere entrar, tendrá que cubrirse los hombros y ponerse un pañuelo al estilo de la hiyab. La Ley islámica exige que hombres y mujeres permanezcan separados en la sala de oraciones, incluso, en algunas mezquitas, las mujeres deben ocupar las filas detrás de los hombres. No pueden ir perfumadas.

¿Obligación o devoción?

Y ahora que me digan que lo del pañuelo no es obligación sino devoción. Es verdad que muchas mujeres lo llevan porque quieren, como signo de identidad; también otras lo llevan como símbolo de emancipación, incluso, llegada una edad, son ellas mismas las que deciden llevarlo o no. Estoy de acuerdo y lo respeto. Precisamente por eso, no debería importarles quitárselo si una norma lo requiere. Seguramente el pañuelo tenga un significado más profundo que ser símbolo religioso y no de sumisión masculina. Pero no me negarán que las costumbres y normas en sus países no son retrógradas y machistas con ellas.

Si en ningún país islámico está permitido construir iglesias católicas ¿por qué aquí se construyen mezquitas? Si, lo sé, porque estamos en un estado laico, aconfesional y todo eso. Pero también somos más tolerantes, más desarrollados, más respetuosos. Esta frase la he oído hasta la saciedad pero, no me canso de ella: si yo voy a un país y me tengo que adaptar a sus costumbres, que se adapten también los que vienen de fuera a las nuestras. Al igual que se adaptan ecuatorianos, mozambiqueños, americanos o japoneses. Un pañuelo en la cabeza no hace daño a nadie, de acuerdo, pero tampoco lo hacen unos zapatos o unos hombros al aire dentro de un edificio ¿no?

Rosana Güiza

rosanagüiza@extraconfidencial.com