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¡Qué fuerte!

El diablo se viste de monja, o no

Abril 12, 2012

Apareció a las 8 de la mañana, con su hábito azul. Pasó desapercibida por una puerta lateral y, una vez ante el juez, se negó a declarar. A partir de aquí, todo son insultos, presunciones, juicios paralelos y ofensas hacia Sor María, hermana de la Caridad e imputada en un delito de detención ilegal y falsedad de documento por su supuesta implicación en el caso de “los niños robados”. Lo más normal ante estos casos es pensar que el hábito no hace al monje, como casi siempre en este país y, antes de que se demuestre si es culpable o no, ya se la ha crucificado.

El escándalo viene dado primero por la imputación de una religiosa en un caso tan delicado cuando se supone que no puede haber ni un solo atisbo de maldad en alguien de esta condición. Pero cuando se ha sabido que Sor María se ha negado a declarar, se han incendiado más todavía  los seguidores del caso y el resto de sociedad, entre otras cosas porque, supuestamente, por ser monja, tiene que decir la verdad y está obligada a contarlo todo.

Culpar al colectivo

Sor María es monja, sí, pero antes que nada es persona y se llama María Gómez Valbuena y, como ciudadana a la que ha de tratarse igual que al resto de ciudadanos ante la ley, tiene derecho a no declarar, como cualquier otra persona imputada en un delito. Además de tener derecho a no declarar, María también tiene derecho a la presunción de inocencia. Y a partir de aquí, será la justicia quien decida si es culpable o no. Y si es culpable, que sea la justicia la que se encargue de que caiga sobre ella el peso de la Ley y cumpla su condena sin miramientos ante un caso tan repugnante moral y éticamente. Y si es culpable, entonces todos podremos insultarla, repudiarla y crucificarla, pero no antes.

A los progres modernos les ha venido fenomenal que se trate de una monja la que está imputada para aprovechar la ocasión y meterse con la Iglesia, que queda muy bien y es muy “cool”. Esto es como todo. No se puede generalizar ni calificar a todo un colectivo por el acto de un miembro en particular. Que una monja sea mala no quiere decir que toda la Iglesia lo sea. Esa monja es una mujer, y como el resto de mujeres en el mundo, las hay, buenas, regulares, malas y peores, al igual que hombres, independientemente de que sean albañiles, médicos o pastores. Que un camionero cometa un acto delictivo no quiere decir que el resto de camioneros del mundo sean de la misma condición. Pues igual pasa con los curas y las monjas. El mundo está formado por hombres y mujeres, no hay más, personas al fin y al cabo que, independientemente de a lo que se dediquen, son buenas o malas, y ya está, es lo que hay y lo que hay es que hay de todo en la viña del Señor.

Rosana Güiza
rguiza@extraconfidencial.com