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Mensaje en una botella

El día en que cambió mi vida

Octubre 21, 2010

Aquel chaval que había llegado a Madrid ocho años atrás, dejando su Sevilla natal, era uno de ésos que aprobaban los exámenes con sobresaliente. Hasta aquel día. Era lunes y, como de costumbre, estudiaba en la víspera de un examen. Matemáticas. Era un examen de Matemáticas, asignatura por la que no sentía especial devoción pero que solía aprobar con la escasa dificultad con la que aprobaba aquella legión de empollones a la que pertenecía. Hasta aquel día.

Su Madre planchaba en la cocina, desde donde llegaba ese aroma de la ropa limpia a punto de ser doblada, mientras el transistor sonaba de fondo. La Radio emitía la sesión de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno en sustitución del dimisionario Adolfo Suárez. De pronto, algo interrumpió a sus señorías en el Congreso. Eran poco más de las seis de la tarde. Estaba ocurriendo algo que cambiaría la historia de España y la vida de aquel chaval.

La voz de Rafael Luis Díaz, el periodista de la SER que transmitía el pleno del Congreso, narraba cómo unos guardias civiles habían entrado en el hemiciclo e intentaban cortar la conexión a las emisoras de Radio. Mariano Revilla, su compañero en la labor técnica, logró que la señal procedente de los micrófonos de la sala no fuera cortada. Acababa de comenzar uno de los episodios históricos de nuestra Democracia y de nuestra Radio.

Dejar de ser un empollón

La Madre de aquel chaval, como tantas personas en este país, deambulaba de un lado a otro sin saber qué hacer y con el miedo en el cuerpo. ¿Sería posible que unos golpistas dieran la vuelta a la historia de España como quien da la vuelta a uno de esos calcetines limpios que su Madre amontonaba en el cajón del armario?

Las horas pasaron y la Radio se convirtió en testigo de la historia mientras aquel chaval, que ya soñaba con trabajar algún día en la Radio, devoraba la transmisión del intento de golpe de Estado del 23-F sin importarle dejar de estudiar. La tarde dio paso a la noche y la noche dio paso al día. Pero el mozalbete que tenía examen de Matemáticas al día siguiente sólo vivió por la Radio y para la Radio durante aquella madrugada. Pasó toda la noche en vela y, al ir a desayunar, recordó que no había estudiado para el examen.

Cuando entró por la puerta del instituto, todavía no se habían entregado los primeros guardias civiles en el Congreso. Lo harían al filo del mediodía, poco antes de que abandonaran el Parlamento los diputados y periodistas que habían sido retenidos. Hizo el examen y suspendió. Era la primera vez en su vida que suspendía un examen. Pero ya no sería la última. Acababa de dejar de ser un empollón.

Como si fuera el primer día

Cuando salió de clase, corrió y corrió hasta llegar a su casa. Sólo quería una cosa, su único afán era oir la Radio. Entonces, mientras comprobaba que el golpe de Estado había fracasado, comprendió algo más. En aquel momento comprendió que su Destino era trabajar en la Radio.

Ahora, treinta años después, todavía recuerdo aquel día. Todavía recuerdo aquellos ficticios micrófonos inalámbricos que construía con tubos de pastillas efervescentes vacíos, por los que hablaba como si fueran micrófonos de verdad. Aún recuerdo cómo transmitía los acontecimientos más diversos, grabándolo en un radiocassette de la época.

Aquel chaval era yo. Y cada vez que el piloto rojo se enciende en el estudio, aquel chaval sigue soñando con trabajar en la Radio como si fuera el primer día.

 


Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com