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Los puntos cardinales

El desagradecido Karzai preside el país en el que nadie quiere quedarse

Abril 17, 2012

El ataque coordinado del pasado domingo contra intereses occidentales y de la OTAN y contra el propio Parlamento de Afganistán ha vuelto a poner de relieve la enorme fragilidad de las estructuras de poder en ese país. Alrededor de dieciocho horas duró el intercambio de fuego en una experiencia que los radiales islamistas describieron como ofensiva de primavera. En el mundo civilizado, la estación simboliza las flores y el sol.

Allí, en Afganistán, se identifica con balas y olor a explosivo. Todavía no está muy clara la autoría de esos ataques simultáneos en diferentes escenarios. De hecho, el embajador de Estados Unidos en Kabul dudaba de la capacidad operativa de los talibán para poner en marcha semejante acción coordinada. Así que todas las miradas vuelven, de nuevo, a la vecina Paquistán, donde la denominada red Haqani tiene su cuartel general, una potente infraestructura que le convierten en el principal sospechoso.

Las coces de Hamid Karzai

El presidente afgano es un hombre que no genera demasiada confianza entre los países aliados. A pesar de que se le puede calificar sin margen de error como un títere del dúo Bush-Cheney, Hamid Karzai suelta coces contra quienes intentan garantizar la endeble seguridad de su país y acusa a la OTAN de haber cometido imperdonables fallos de inteligencia previos a esta cadena de ataques.

La historia no es nueva. Hace sólo un mes, dos oficiales de la Alianza morían abatidos a tiros dentro del edificio que alberga el Ministerio del Interior. Las víctimas fallecieron por los disparos de los agentes de seguridad afganos que habían sido formados previamente por los instructores aliados. Pensemos en que casi al tiempo era hallada una docena de chalecos cargados de explosivos para cometer atentados suicidas en esas mismas instalaciones.

Al grito de “tonto el último”

Han transcurrido nueve años y en los países que participan en la operación ISAF se tachan los días en el calendario porque en todos, absolutamente en todos, existe un evidente deseo de regresar a casa y dejar Afganistán bajo el control, si es que se puede llamar así, de sus fuerzas de seguridad. En la práctica, aunque no lo reconocen oficialmente, los mandos aliados sospechan de la enorme capacidad de infiltración que los radicales islámicos tienen en el Ejército y en la Policía afganos. Uno de los ejemplos más clamorosos de esa infiltración es el de Abdul Sabur, asesino de militares aliados en venganza por la queda de ejemplares del Corán.

Si la situación es, de por sí, complicada, episodios como la destrucción de textos sagrados de los musulmanes y el asesinato de civiles plasmado en con fotos como si se tratase de una cacería obligan a acelerar la salida. La mayoría de los países que participan en la operación de estabilización abandonarán el territorio afgano a finales de 2014. Sin embargo, la primera ministra australiana, Julia Gillard, ya ha anunciado que sus tropas lo harán uno antes, a finales de 2013, curiosamente un año electoral.

Todos estos asuntos van a centrar la Cumbre que los jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN celebrarán el próximo mes de mayo en la Chicago de Barack Obama. Seguro que durante los debates sobre el repliegue afgano alguien va a gritar “tonto el último”.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.