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Los puntos cardinales

El desafío diplomático de Abbas y el rédito de los cohetes de Hamás

Noviembre 27, 2012

La semana pasada aún nos estremecían los ecos de los tres mil proyectiles que Israel y Hamás se habían lanzado mutuamente durante ocho días. El enfrentamiento nos sirve para sacar conclusiones. Para Israel, el alto el fuego cuenta con el rechazo de una parte importante de potenciales votantes del primer ministro y candidato a la relección, Benjamin Netanyahu. Recordarán que hace dos miércoles anticipábamos en esta misma sección ese ambiente de conflicto que estallaría pocas horas después. Los seguidores del jefe del Ejecutivo optan por la línea dura y hubiesen preferido que Bibi Netanyahu nunca accediera al cese de las hostilidades alcanzado por la mediación egipcia y norteamericana.

Ahora el escenario es distinto y las negociaciones de última hora en los despachos de la ONU sustituyen al ruido de las alarmas antiaéreas porque las alianzas se buscan en el plano diplomático. No parece que nadie sea capaz de hacer cambiar de idea al presidente palestino, Mahmud Abbas, que mañana presentará ante la ONU su petición para conseguir el estatus de observador de la organización, aunque sin ser miembro de pleno derecho. Existe un referente en Naciones Unidas con esas especificidades jurídicas, como es el del Vaticano. El proyecto cuenta con el rechazo de Estados Unidos y, por supuesto, con el de las autoridades israelíes, que sostienen que el único modo de que Palestina pueda llegar a ser un estado independiente de pleno derecho es a través de negociaciones directas, y no cruzando esa especie de “puerta trasera”.

Una única voz

De hecho, los Gobierno de Washington y Tel Aviv no dudarían en poner en marcha presiones económicas si el presidente palestino se empecina en su sueño. Israel sabe que la voz de Mahmud Abbas no es la de todos los palestinos y los recientes choques contra Hamás así lo demuestran. La Autoridad Nacional Palestina parece acabar embarrancando en una espiral de inmovilismo respecto de la cual los principales países de la comunidad internacional, -el Cuarteto-, transmiten una cierta sensación de hartazgo. Hablar de Abbas es hacerlo de la OLP, pero quien ha cobrado todo el protagonismo en los últimos días ha sido Hamás en Gaza, que ha vendido a su gente los recientes enfrentamientos contra Israel como un éxito y una victoria. Y no sólo eso; el equipo de Ismail Haniya, que permanecía en una situación total de bloqueo y aislamiento desde hace seis años, ahora recibe ayudas económicas de Turquía y, sobre todo, de Qatar, armas de Irán y el apoyo que el Egipto de Hosni Mubarak nunca brindó a su causa.

Nuevos desafíos

En menos de un mes nos enfrentamos a desafíos de gran envergadura. El primero, como contábamos, mañana mismo en la sede de Naciones Unidas. El próximo 22 de Enero, los israelíes acudirán a las urnas en unos comicios a los que un histórico de las fuerzas armadas y de la política judía moderada como Ehud Barak ha renunciado concurrir. Se pierde, pues, un factor de equilibrio entre tanto “halcón”. Dos días antes, el 20, Barack Obama volverá a tomar posesión, plenamente consciente de que, como proponen sus “primos” del Reino Unido, la Administración demócrata asuma un liderazgo mucho mayor en el problema de palestinos e israelíes que hasta la fecha, y que sólo ha ofrecido algún aspecto de verdadero compromiso con las recientes gestiones de Hillary Clinton, quien para lamento de todos prepara voluntariamente su retirada de la Política Exterior norteamericana, acaso para ponerse en forma con un calendario de 2016 en el cuarto de estar. Hasta entonces habrá tiempo de saber qué o quién causó la muerte de Yaser Arafat, cuyos restos fueron exhumados ayer por un equipo internacional de científicos. No vaya a ser que el fantasma del “Rais” acabe confirmando una sospecha que abriría aún más la brecha entre israelíes y palestinos.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.