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Mi Tribuna

El dedo de Rajoy causa estragos

Marzo 8, 2015

Nunca sabremos la intrahistoria de todos los movimientos que han rodeado la designación de candidatos en el Partido Popular. Conoceremos detalles. Algunos más o menos fiables, pero nos quedaremos con las ganas de descubrir esos matices que traspasan la confabulación política hasta el punto de convertirse en el arte del guiñol; mover los hilos a su antojo.

A fin de cuentas, Rajoy es el jefe de la banda. En otros partidos se imponen las primarias, pero los votantes y seguidores del Partido Popular asumen que todo pasa por el beneplácito final del presidente del Gobierno y presidente del partido. El proceso se disimula en un Comité Electoral Nacional que pasa el filtro definitivo. Llegados a este punto, Rajoy causa estragos.

Garantía en Madrid ante los efectos del revolcón socialista

La dimensión de Madrid y todo lo que significa para el PP acrecienta la máxima expectación. Vaya por delante que, en este caso, los populares han resuelto el entuerto de la mejor manera posible. Cifuentes no deja de ser esa cara renovada del Partido Popular; una mujer diferente para el partido de siempre. Y eso suma, porque Esperanza Aguirre está fuera de concurso: se retira de la política y vuelve dónde y cuando quiere. En este caso, el dedo de Rajoy es de asentimiento porque sabe que necesita una candidata de tirón para no perder la Alcaldía más significativa de España. Y la concentración de Aguirre más Cifuentes se antoja como una garantía ante los efectos del revolcón socialista madrileño que aupó a los altares del poder a Gabilondo.

Otra cosa es que haya casos cuanto menos temerosos. Y no por la calidad de sus candidatos, sino porque su designación supone jugar con fuego práctico en cuanto a votos y, sobre todo, con juego mediático porque algunos vaticinan titulares y polémica a las mismas puertas de la campaña electoral.

Candidatos en el banquillo

El Partido Popular presentará a un candidato imputado para la presidencia de la Ciudad Autónoma de Melilla y otro que se sienta en el banquillo por un presunto delito de desobediencia y que aspiraa revalidar la Alcaldía de Valladolid. ¿Osadía? El aparato de Génova se ha lavado las manoscomo diciendo “allá vosotros” porque lo que sí tiene asegurado el partido es un protagonismoindeseado, por ejemplo, el día que juzguen al alcalde y candidato vallisoletano. Tanto, que la Audiencia Provincial plantea un cambio de sala para celebrar la vista ante el aluvión de solicitudesde medios de comunicación que quieren cubrir este juicio.

¿Merece la pena este peaje? Hace tiempo que se conocen ambas situaciones, pero no ha habido posibilidad de plantear un plan B para cambiar el rumbo de una dinámica que conducía hacia una situación irreversible. La apuesta por estos candidatos, con la carga de riesgo que añaden, implica un debate interno que el dedo de Rajoy no está dispuesto a asumir. Porque ese dedo traza una línea concreta y nadie quiere separarse de ese camino. No ha habido o no se ha querido explorar en otras posibilidades, salvo creando un escándalo para sacar de la quiniela a Ignacio González o montando una especie de trama oscurantista.

¿Es una buena estrategia? Imbroda en Melilla, León de la Riva en Valladolid, la historia de Madrid y todo lo que rodea la parafernalia electoral de un partido que debería revisar profundamente sus procesos de elección. Primero porque no es de recibo depender de una designación directa, dedocrática, sin la participación u opinión de sus afiliados. Pero, esencialmente, porque la situación política de hoy no es la misma que hace años donde todo podía darse por válido simplemente porque era la costumbre. Si está claro que va a cambiar el mapa electoral, también es el momento de aplicar otras políticas internas para poder ejemplarizar después. Hace poco Rajoy hablaba de las diferencias entre predicar y dar trigo cuando se refería a las intenciones de los políticos que gobiernan ahora en Grecia. Sería bueno que empezara a mirar hacia dentro. 

Félix Ángel Carreras.

Director de Tribuna Valladolid