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A renglón seguido

El debate sobre el estado de la nación: canto de sirenas y del cisne

Marzo 2, 2015

Venimos de finalizar una semana de acaloramiento oral en el Congreso, no como en el parlamento turco donde del dicho pasan al hecho salvando el trecho: tirones de solapas, puños voladores, zarandeos varios… aportando cierto tinte tabasqueño a los debates de sus señorías; no como aquí, donde los miembros de la Cámara Baja con su alto respeto, no exento de continencia para evitar eventualmente el pugilismo, avoca al tedio entre los aforados: ausencias físicas –estampida masiva desde los escaños- y mentales –dispositivos de ocio en plena sesión (Celia Villalobos)-.

Quemado ya el Debate sobre el Estado de la Nación, del que ya sólo quedan los rescoldos del análisis de especialistas y legos, el sabor de boca que nos deja, nos recuerda al retrogusto de los anteriores en cuanto al resultado acerca de quién de los dos maquinistas de largo recorrido se ha convertido en el mejor de cercanías.

Choque de exposiciones

Mariano, presidente, conducía la unidad de viajeros, pero se topó de frente con una inesperada composición de mercancías del aspirante Pedro, encontrándose en un choque de exposiciones en el que ambos corifeos persiguieron llegar a su particular estación término -sin descarrilar-, que no era otra que la del aplauso de su cla apoltronada en las respectivas bancadas.

Todo apunta a que ambos, junto con parte de sus gregarios, pueden pasar a vía muerta –no queda escape para ellos-, siendo dados de baja temporalmente por el personal de a pie, para así entrar en los talleres de la remodelación, y cambiar de chapa –nos la dan muy bien-, pintura –un nuevo barniz de credibilidad- y, sobre todo, motor –gastado, desajustado y agotado-. De lo contrario: directamente al desguace y con alto riesgo de desaparición de modelo y marca.

El “paradebate”

En esta ocasión hubo un “paradebate” extramuros del Congreso protagonizado por las figuras de Iglesias y Rivera, quienes se postulan como futuros inquilinos del hemiciclo; sólo falta conocer en número, de cuántos se harán acompañar, pildorazo que no acaban de encajar bien los combatientes Brey y Sánchez, que pugnaron en el facistol sobre el inagotable “y tú más”.

La irrupción sobre el parquet y las alfombras de estos dos brotes, cada vez menos verdes, es imparable. Especialmente el primero, del que no sabemos si está cada día más… o menos “Maduro”. Ambos se han colado en la cañada parlamentaria como huesos duros de roer – sin gozar de acta que así lo refrende-, y ha calado su mensaje en la despensa emocional del ciudadano; y eso no está gustando nada en los arrugados y vetustos paladares de los alternantes partidos, que se venían repartiendo el pastel del poder durante los últimos treinta y tres años.

Después del enésimo canto de sirenas ofrecido en esta legislatura, sólo quedará vigente Radne –divinidad con cola de pez que representa “el mejoramiento”-, toda vez que se habría atisbado el canto del cisne del compostelano en una huída hacia delante: penúltimo acto de servicio prestado a la comunidad en la Carrera de San Jerónimo.

Paco de Domingo