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Otras opiniones

El curso que Zapatero (y otros), no podrán resistir

Septiembre 1, 2010

Madrid hierve. Es un auténtico nido conspirativo a todos los niveles. Tres son las piezas que el stablishment quiere cobrarse. El primero, el Rey Don Juan Carlos, que estaría amortizado y en periodo convaleciente si es verdad lo que nos cuentan. El segundo, Emilio Botín, con todo su poder pero al que los años le pesan como cuchilla de guillotina. Y el tercero, Rodríguez Zapatero, el más liviano y prescindible del trío.
En efecto. Cuando queda año y medio para las próximas elecciones generales la percepción general es que este muchacho con peso de tres a la libra no aguantará ese tiempo en la poltrona. ¡Demasiado arroz para tamaño pollo!
 
Por de pronto, los felipistas se reagrupan y vuelven a lanzar el nombre de Javier Solana para que, con unas primarias dentro del PSOE, se lleve por delante a su particular bestia negra que tiene apellido de oficio judío.
 
El gran sobreviviente tiene un olfato especial cuando amenazan su predio. De ahí que haya colocado al inquietante fouché Rubalcaba al frente de sus mesnadas para que blinde la puerta a cuanto arribista se asome. Pero ni por esas. Zapatero es tan poca cosa que al próximo envite de la cancillería de Merkel y el Elíseo de Sarkozy su cabeza será colgada de un pika y exhibida urbi et orbi para ejemplo de las generaciones venideras.
 

Nacionalistas e idus de marzo

 
Los nacionalistas vascos del PNV, siempre tan cobardones, saben que es el único clavo ardiendo que le queda al pobre muchachito de León. Le van a exigir tanto (rescatar el Plan Ibarretxe como salida hacia una independencia con dinero de España), que al final esos Presupuestos Generales no saldrán adelante y el escualo no tendrá más remedio que capitular.
 
Pero si lo consiguiera -a éste le da igual el concepto de país porque no lo tiene-, dentro de siete meses tendrá el pueblo la oportunidad de manifestar su enojo en las urnas y aunque los chicos de Mariano tampoco se la ponen dura a nadie, el naufragio socialista será de tal naturaleza que no quedará otro remedio que apelar a la soberanía.
 
Todo esto adobado, además, por los serios riesgos de que el Reino de España no pueda pagar con prontitud sus deudas que la mosca tras la oreja la tienen desde luego los prestamistas.
 

El joven letizio emparentado con la católica

 
Don Claudio Sánchez Albornoz escribió aquello tan mayestático como real: el tiempo todo lo puede. ¡Qué se lo pregunten a Don Juan Carlos! Creo, sinceramente, que puede estar satisfecho con su legado histórico (amigos peligrosos al margen), pero todo tiene principio, desarrollo, cenit y ocaso.
 
Me parece inteligente el lanzamiento subliminal del Príncipe de Asturias al primer plano del ring en lo que parece más que probable sustitución. ¡Es ley de vida! Dicen, yo no lo sé, que la Princesa Letizia juego un rol decisivo en la nueva coyuntura. Los integristas de todo pelaje y condición se mesan los cabellos ante la plebeya con vitola de izquierdas. Tampoco está mal que entre aire fresco en una Institución que se sostiene con parigüelas.
 
Hoy, la llamada Monarquía Parlamentaria, ha quedado reducida a una mera oficina de relaciones públicas que, en términos generales, es muy barata para los contribuyentes. Pero ellos, los de los palacios de Somontes, no deben olvidar nunca la principal máxima del todavía jefe del clan: el pan hay que ganárselo día a día, hora a hora, minuto a minuto.
 

Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es