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¡Qué fuerte!

El culebrón Real

Abril 4, 2013

Parece que, por fin, y a petición popular, se cumple esa máxima que dice que “todos somos iguales antes la ley”. La infanta Cristina ha sido imputada en el caso Noos. Estamos ante un hecho histórico, ya que es la primera vez que alguien de la realeza en nuestro país se ve envuelto en un caso de corrupción. Si la Fiscalía no lo impide, se presentará ante el juez el 27 de abril. Ese día, la famosa cuesta de los juzgados de Palma de Mallorca se convertirá en una pasarela internacional llena de flases para inmortalizar el impagable momento en que la segunda hija del Rey de España acceda a los juzgados para declarar. Lo escribo, lo releo y me parece increíble. No el hecho de que esté imputada, qué también, sino el hecho de que haya sido capaz de meterse en este berenjenal por amor. Si, si, por amor. No hago más que pensar en ella, me pongo en su lugar, en su piel, en su situación y, sinceramente, creo que todo lo que ha hecho, si es que se demuestra que son ciertos todos los hechos que se le imputan, lo ha hecho por amor y medio engañada. Si, así lo creo, Cristina, cegada de amor, se ha fiado de su marido y se ha dejado llevar. Se ha hecho la loca, no ha querido ver y tampoco ha querido preguntar. El amor es ciego y, tal vez confiada en la supuesta inmunidad que la protegía, se haya dejado engañar más de la cuenta y a sabiendas. Ya se sabe que, dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición y es imposible que ella no supiera de dónde venía tanto dinero.

Como cualquier otro ciudadano

Si se demuestra que así es, sería una buena lección que lo pagase, como cualquier otro ciudadano pero, mucho me temo que al final no pasará nada e incluso, puede que salga como víctima de toda esta historia que más bien parece una telenovela de esas sudamericanas de sobremesa con título hortera que engancha a miles de personas. Un culebrón Real. Por amor se hacen locuras, locuras bonitas, arriesgadas, pero no este tipo de locuras porque, cuando las locuras por amor traspasan los límites de la ley y de la sinvergonzonería deja de ser una locura de amor para convertirse en, presuntamente, una aprovechada, una caradura y una ladrona y no una enamorada. Es entonces cuando el amor se convierte en delito. Lo pero de todo es que esto sucede en el peor momento que podía pasar, justo cuando se está intentando vender ese ente al que han llamado ¨Marca España” en el resto del mundo para conseguir credibilidad e inversiones y para mejorar nuestra imagen. El mundo entero se ha hecho eco de esta noticia que traerá graves consecuencias de imagen internacionales. Yo era de las que pedía igualdad para todos ante la ley pero, también pienso que, si al final no le va a pasar nada a la Infanta, ¿para qué liarla así y tirar piedras contra nuestro propio tejado? Lo que digo, un culebrón Real.

Rosana Güiza Alcaide