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A renglón seguido

El cuerno de África: para qué voy a tener hambre, si no tengo qué comer

Octubre 19, 2011

En el mundo del toreo circula una frase de alivio que no deja de servir –al menos en parte-, para distraer las posibles contingencias susceptibles de atentar contra la salud y la audacia del espada de turno y que reza bajo el enunciado de “más cornadas da el hambre”. En 1947 cayó, y para siempre, el Señor Rodríguez por alias Manolete, quien habría canjeado la mortal caricia inguinal de Islero –en forma de único, indigesto y certero pitonazo-, por una eternidad sin ingesta; incluso de fiambre, que es justo en lo que acabó convirtiéndose.

Dos años antes nacía con vocación o por equivocación, nunca se sabrá, la FAO, organismo de Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, encargado –además de la difusión de frías y escalofriantes estadísticas-, de velar, con denuedo por la nutrición de los terrícolas; en especial la de los infantes.

Convocantes desconocidos

Este último domingo se ha celebrado sobre el facistol de la dejadez y del desdén el Día Mundial de la Alimentación. No hemos podido ver el rostro de los convocantes para observar si sobre su superficie cabía unos gramos de sonrojo que ocultaran las arrobas de vacua dialéctica que fluye de sus bien engrasados gaznates.

Dicho acto viene celebrándose desde hace treinta años de forma continuada y, en esta ocasión, -que además de calva la pueden pintar famélica- el leitmotiv de la convocatoria giraba, hasta marear al personal, en torno a la concienciación. Menuda novedad sobre el Hambre y la Malnutrición en el mundo; suponemos que el de tercera división, aunque en algunas partes del “primero” se encuentren ya en posiciones de descenso técnico.

Pero parece que esta vez se ha abierto una ventana, ojo con las diferentes corrientes… de opinión, a la menguante esperanza, ya que se ha localizado e identificado al principal agente responsable de la planetaria hambruna. Y no es otro que la fluctuación al alza de los precios de algunos alimentos, en especial los empleados para la obtención de los llamados biocombustibles. Ahora resulta que estamos desvistiendo a unos santos –si es que vez alguna tuvieron ropaje-, para hacerle un traje a la medida de sus necesidades a otros. Es decir, que de un tiro matamos dos pájaros: descontaminamos nuestra atmósfera engordada por el CO-2 y obtenemos nuevos y abundantes abonos orgánicos de origen humano; eso sí, con denominación de origen y label que garanticen su lugar de procedencia.

Mirar para otro lado

Sabemos que la vergüenza o la falta de ella no cotiza en ningún corro bursátil, a diferencia de las materias primas empleadas en la obtención de alimentos, ni está expuesta a los diferentes juicios de valor de las Agencias de Calificación, pero sí hay que echarle mucho valor para mirar hacia otro lado desde la ceguera de la cooperación internacional.

Durante estos días no podemos evitar oír, aunque sí escuchar, que continúa instalado el hambre en el llamado “cuerno” de Africa- ya que nunca se marchó-, por más que le hayamos dado serias instrucciones por activa y por pasiva de que se “vaya al cuerno”; y nos ha hecho caso literalmente, lo cual denota una gran capacidad de obediencia.

Al fin y a la postre siempre les queda a sus inanes habitantes las migajas de la música y letra del entrañable Facundo (fecundo), Cabral que mitigue sus carencias como paliativo virtual: … “para qué voy a tener hambre, si no tengo qué comer”.

Paco De Domingo