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Otras opiniones

El cuento de Beatriz Talegón, la falsa imagen de la renovación socialista

Marzo 7, 2013

El principal problema de una Revolución consiste en encontrar personas que estén dispuestas a hacerla de verdad: esa vanguardia militante capaz de iniciar un proceso político y de desarrollarlo en el tiempo. Por eso, tenemos muy pocas opciones a la hora de valorar las afirmaciones de Beatriz Talegón. O está equivocada, o nos está mintiendo o, todavía, no se ha enterado de que en el PSOE no queda ya nadie que quiera transformar la sociedad de una forma radical y profunda. O las tres cosas a la vez.

La verdad es que han querido hacer de la pobre Beatriz Talegón una abanderada de una cierta renovación dentro del socialismo oficialista. Y nuestro pueblo –ese mismo pueblo limitado en sus derechos y expoliado en su soberanía-, no ha tragado. A pesar de los esfuerzos propagandísticos destinados a convencernos de que existe un sector joven dentro del PSOE, capaz de propugnar cambios sociales, ya nadie se lo puede creer. El socialismo oficial no es que sea sólo tan directamente responsable de la situación como lo son todos los demás sino que, para colmo, nos ha querido volver a tomar por tontos. 

Un fácil visceral ismo novecentista

Beatriz Talegónha apelado a un fácil visceralismo novecentista. Que si Hoteles de 5 estrellas… que si coches de lujo… que si compañeros ugandeses… que si demás ribetes cutres de un repetitivo progresismo de corte occidental. Pero todos sabemos –o, al menos, deberíamos saber-, que elproblema no está en pensar en la Revolución desde un Hotel de 5 estrellas. El problema está en que la Compañera Talegónha pretendido hacernos creer que, en la Internacional Socialista, hay todavía gente capaz de pensar en la Revolución.

Nadie se lo ha creído, por supuesto. Nadie se ha creído que, en pleno Siglo XXI y en mitad de la más profunda recesión que ha conocido el capitalismo, vayan los partidos socialistas europeos a querer transformar nuestras estructuras económicas. Lo dicho… o está equivocada, o nos está mintiendo o no se ha enterado todavía. Porque si la Compañera Talegón –que apellido tan adecuado para una socialista española-, quiere hacer la Revolución lo primero que tiene que hacer es salir corriendo de allí.

Hace ya mucho tiempo que la izquierda oficial española no piensa en la Revolución. Ni hospedándose en Hoteles de cinco estrellas ni durmiendo en pensiones baratas. Nunca. Ni en Cascáis ni en Móstoles. Hace ya muchos años que sus anhelos de cambio social se evaporaron en esta ciénaga viscosa de duques empalmados, putas regias, gobiernos inoperantes, reyes millonarios, decisiones injustas y poderes oscuros. La misma maraña que nos ahoga a todos acabó también con ellos desde aquellos tiempos ya lejanos de la Transición. Una izquierda oficial integrada por honestos ciudadanos que -ni en sueños-, propugnan una subversión del orden establecido o un cambio social efectivo y sincero. Este era el auditorio al que se dirigía Beatriz Talegón. Esta es la misma Beatriz Talegón.

Entre resignados y los que no se rinden

Pero el problema ha dejado de estar en ser de izquierdas o en ser de derechas. Ambas caras de la moneda no sólo están profundamente equivocadas, sino que son profundamente injustas. Los dos conceptos forman parte de este entramado injusto que muchos queremos transformar. En el año 2.013, nuestro mundo político –que se está alejando cada vez más de clasificaciones sin contenido claro-, se divide entre personas que se han resignado y personas que no se han rendido. La recesión ha dividido a la ciudadanía –esta distinción es clarísima en España- entre aquellos que se muestran partidarios de una Revolución y aquellos que no la estiman necesaria. Y la izquierda oficialista no está propugnando medidas políticas revolucionarias: quiere simples mejoras pero no transformaciones radicales. 

Cascáises uno de los lugares más bonitos del mundo. Y más acogedores. No pasaría nada por pensar en la Revolución desde un maravilloso Hotel de Cascáis. Desde un Albatros o un Farol Design o un Grande Real o un Vila Galé se puede pensar perfectamente en la Revolución. Pocos sitios en el mundo invitan más al descanso y a la reflexión. La cuestión es otra bien distinta. Por esa razón, tuvo que salir Beatriz Talegónescoltada por las fuerzas del orden de una manifestación de ciudadanos afectados por los puercos desahucios. Porque el problema –precisamente-, es otro: el cuento de Beatriz Talegón.  

Ignacio Toledano. Abogado.