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Mensaje en una botella

El corazón de un niño

Enero 6, 2016
cabalgata madrid

El sueño siempre me vencía con el alba, cuando los primeros rayos de luz atravesaban los resquicios de la persiana de mi habitación. Pero, a pesar de caer rendido en aquel momento, un mecanismo interior me hacía despertar poco después. Era el mismo mecanismo que me llevaba a brincar como una pelota que ya no dejaba de botar durante todo el día. Aquel mecanismo era el corazón de un niño.

La noche de Reyes era para mí una vigilia con final feliz, una guardia en la garita de la felicidad, un turno en el que trabajar gratis a cambio del mejor amanecer posible. Así fui creciendo, año tras año, ilusión tras ilusión, alegría tras alegría. Importaba poco el precio de los regalos porque era más importante el valor de la sonrisa que dibujaban en mi cara de chiquillo asombrado. Los Reyes Magos eran los monarcas de un reino por un día que mantenía viva la ilusión durante los 364 días restantes del año. O 365 si, como ocurre este 2016, es bisiesto.

El sabor de la felicidad

Llegaban los Reyes y el mundo se detenía. Todo lo demás pasaba a segundo plano. No había horas suficientes para disfrutar de los regalos. Los juguetes parecían cobrar vida, mucho antes de que Toy Story supiera reflejarlo a lo grande, y la vida cobraba sentido como nunca antes. Llegaban los Reyes y se marchaban los dolores, las penas, los lamentos y los malos tragos. Todo sabía bien. Era el sabor de la felicidad.

Ahora veo llegar los Reyes en la cabalgata de Madrid y no los reconozco. Es natural, porque los Reyes son más Reyes cuando los contemplas encaramado a los hombros de tu padre o de tu madre. Los más pequeños miraban este martes a los Reyes de la cabalgata y no analizaban la puesta en escena ni el vocabulario. Sólo veían a sus repartidores de regalos favoritos. Sólo pensaban en sus juguetes. Sólo observaban la felicidad detrás de esas túnicas carnavalescas.

Sin juicio previo

La cabalgata de Madrid ha roto los esquemas y a mí me ha roto el corazón. No por el aspecto neutro del ropaje real, sino porque me ha hecho darme cuenta de que el niño que habitaba dentro de mí ya ha crecido más de la cuenta. La cabalgata de Madrid me ha dejado helado. No porque hiciera frío, sino porque me ha recordado al Españolito de los Proverbios y Cantares de Antonio Machado: “Ya hay un español que quiere / vivir y a vivir empieza, / entre una España que muere / y una España que bosteza. / Españolito que vienes / al mundo te guarde Dios. / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón”.

Me ha dejado helado pensar que de la muerte al bostezo sólo hay una cabalgata de Reyes. Me ha dejado helado pensar que una celebración milenaria, que forma parte de nuestra historia y de nuestra cultura, pueda correr peligro de extinción. Me ha dejado helado pensar que una tradición única en el mundo pueda ser condenada sin juicio previo.

Pero luego he pensado que debe de haber alguien que sea capaz de evitar que perdamos el Norte. El que marca la estrella, aunque sea de Oriente.

Juan Diego Guerrero dirige Noticias Fin De Semana en Onda Cero

@juandiguerrero