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Los puntos cardinales

El Comendador divide a los creyentes

Junio 28, 2011

Pasado mañana viernes, los vecinos marroquíes están llamados para acudir a las urnas a refrendar un proyecto de Constitución que parece dividir por igual a los ciudadanos de la nación magrebí. Hace un par de semanas, Mohamed VI comparecía ante el país a través de la televisión nacional para anunciar una Ley de Leyes que desde el Gobierno español es vista como una verdadera reforma democrática, mientras que para gran parte del tejido social marroquí se limita a dejar las cosas casi como estaban.

En realidad, es una Carta Otorgada que aporta, como gran novedad, que el soberano pierde su carácter sagrado, aunque seguirá siendo Amir al-Mu´minin, el Comendador de los Creyentes. Además, el jefe del Gobierno dependerá del Parlamento, que a partir de este proyecto tendrá una vocación legislativa verdadera, y será el encargado de nombrar el Gabinete. Una medida que sí acepta con agrado la numerosa población bereber es la oficialidad de su lengua propia, el tamazight.

David frente a Goliat

Las últimas jornadas están demostrando que el sistema emplea todo su poder propagandístico y financiero, con autobuses repletos de entusiastas y hasta pasquines lanzados desde avionetas reclamando el apoyo incondicional a ese proyecto del monarca. Al otro lado están los jóvenes del Movimiento 20 de Febrero, con una férrea voluntad, pero obligados a desempeñar el papel de David frente al Goliat que supone el entramado de poder omnímodo que actúa a merced de palacio. El régimen sabe que cuenta también con el apoyo de quienes viven instalados en su seno, como los antiguos comunistas y los nacionalistas de Istiqlal.

La incógnita está en lo que hagan los islamistas, con posiciones muy distintas. Hay una clara línea oficial en la que los imanes apelan a la defensa del proyecto del monarca alauita, limitándose en realidad a leer un discurso idéntico fotocopiado que previamente les ha remitido el ministro de Asuntos Religiosos. Frente a ellos, Justicia y Espiritualidad, el sector proscrito dentro del islam marroquí, que junto a los grupos de derechos humanos representa la oposición a esta idea de Mohamed VI.

Desde luego, pese sus enormes carencias, sí se advierte algún aire de cambio en nuestro vecino del Sur, que le sitúa en un nivel de aspiraciones democráticas que nada tienen que ver con otros países de la denominada Primavera Árabe. Aunque ya no detente ese carácter sagrado, Mohamed VI debe ser consciente de la obligación que tiene contraída con su pueblo y con los fieles para evitar el riesgo de que la división nacional de Marruecos se haga patente a la puerta de las mezquitas.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.