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El mayordomo

El chaqué

Julio 11, 2010

Si vestimos un chaqué hagámoslo de forma elegante y como mandan los cánones más puristas


Con el artículo de esta semana damos por concluido la pequeña saga de dos artículos dedicada a la vestimenta del novio. Concretamente, esta semana nos centraremos en estudiar la prenda que consideramos debería vestir todo novio en tan importante día: el chaqué.

Aunque muchos de nosotros podamos pensar que el chaqué se creó pensando en el novio, la historia se encarga de desmentir dicha creencia al haber sido, y ser, esta prenda el atuendo idóneo para los actos que se celebran de día y que estén considerados como formales: recepciones oficiales, diplomáticas, balls etc.

Las partes principales del chaqué son:

La levita. Ésta se debe prolongar en su parte trasera hasta la altura de la rodilla. La forma de abotonarse es, en la mayoría de los casos, a través de un ojal y un botón. No obstante, siempre son más elegantes aquellas levitas que imitando a las de los años 30, tienen un doble botón en forma de gemelo que une ambas partes de la chaqueta. Las solapas siempre deben terminar en forma puntiaguda.

A pesar de lo que podamos ver hoy, los únicos colores admisibles son el negro y el gris. Actualmente, pero en contra de lo que mandan los cánones más estrictos, el color gris se admite en las bodas que tengan lugar en los meses de verano y de día. Si optamos por dicho color debemos tener en cuenta que no puede ser cualquier gris. Éste debe ser un gris oxford o un gris medio.

Tradicionalmente, cuando el uso del chaqué no sólo se reducía a ocasiones muy puntuales, el uso del mid-grey estaba considerado como algo demasiado informal y sólo era apto para asistir a las carreras de caballos.

A pesar de que cada día sea más frecuente, debería estar penado con la cárcel el vestir chaqués de color azul marino o de raya diplomática.

Los pantalones son los clásicos cashemere stripes de rayas negras y grises. Serán de algodón y nunca llevarán vuelta. No debemos olvidar que el chaqué es una prenda formal y la vuelta solo es de recibo en las prendas no formales. El cinturón no tiene cabida en esta prenda. Unos botones interiores serán los responsables de unir nuestro pantalón a los obligados tirantes.

Si optáramos por un chaqué gris no debemos olvidar que tanto el color de la levita como el de los pantalones deberán ser exactamente del mismo tono de gris.

Otra prenda imprescindible es el chaleco. Éste puede ser de hilera sencilla o cruzado pero siempre el chaleco cruzado es más elegante. Los colores del chaleco que mejor combinan con el clásico chaqué son el gris claro, el crema amarillo y el azul pálido. Debemos huir de los estampados tipo fantasía y de los colores que nos hagan olvidar que estamos ante una vestimenta estrictamente formal. El lino es el mejor material para el chaleco. Si hemos optado por el chaqué gris, el chaleco debería ser del mismo material y color que la levita y los pantalones.

La camisa. Debería ser blanca, azul pálida o amarilla muy clara. La opción de rayas azules y blancas es también perfectamente aceptada. Los puños de la camisa pueden ser blancos, aunque resulta más elegante si son del mismo color que el cuerpo de la camisa. Independientemente del color que elijamos, debemos siempre huir de los tonos llamativos.

En cuanto al tipo de cuello debemos decir que lo idóneo sigue siendo decantarse por una camisa con un cuello almidonado desmontable. Un cuello estándar no tiene la majestuosidad que requiere un chaqué. La camisa siempre será de puño doble.

Si no nos gustan las corbatas tipo Ascot y no queremos correr riesgo alguno escojamos una corbata de color plata o mezcla de gris y negro. No debemos olvidar que la formalidad del chaqué nos obliga a vestir una corbata a la altura de éste, y no aquellas que podríamos llevar cualquier día a la oficina.

Los zapatos. Si queremos ser puristas sólo deberíamos contemplar las botas tipo “balmoral” en negro. Otra opción menos elegante pero no por ello menos adecuada, son unos zapatos oxford en negro y sin adorno alguno.

Los calcetines. Deberíamos intentar que no fueran los cñásicos negros. Si encontramos algunos que mezclen el blanco y el negro o en color plata mejor que mejor.

Los complementos, como establecíamos la semana pasada, pueden marcar la diferencia. Así el obligado pañuelo blanco de lino o una bonita flor hablarán tanto del nivel del evento como del gusto por lo refinado de su portador.

Si optamos por completar nuestro look con una flor deberemos huir de las prefabricadas para estas ocasiones; suelen ser demasiados ostentosas. Tampoco deberíamos fijarlas a la solapa con ningún tipo de pin. Por el contrario, tenemos que introducirlas por el ojal de la chaqueta y hacer descansar el rabillo de la flor en el lazo que se encuentra en el interior de la solapa de toda buena levita. También podemos robarle una flor al bouquet de la novia siempre y cuando no desentone con nuestro atuendo.

Los top hat son los sombreros indicados para esta celebración. Solo un consejo respecto a estos: si no hemos vestido uno antes o nuestros testigos no lo van a llevar, mejor cuidar todos los demás detalles y dejar éste para eventos más lúdicos como las carreras de Ascot.

Ninguna otra prenda del armario del caballero ha sufrido menos modificaciones que el chaqué. Y si a esto último añadimos que un chaqué admite sin pasar por el sastre que su dueño engorde o adelgace varios kilos parece no existir excusa alguna para no albergar uno en nuestro armario..

Jeeves