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¡Qué fuerte!

El cacheo se nos va de las manos

Diciembre 13, 2013

Recién comenzado el verano de 2012, a finales de junio, tuve que realizar un viaje de trabajo. No recuerdo el destino pero jamás olvidaré lo que me pasó en el aeropuerto de Madrid. Con la llegada del buen tiempo, la ropa era ligera, apenas un pantalón vaquero y una camiseta con unas botas de verano. Antes del control, me despojé del cinturón, los pendientes, anillos, reloj y botas. Así que me quedé sólo con la ropa. Pasé el arco y pitó. Así que, al no llevar nada más, la agente de seguridad procedió a pasarme ese aparato que detecta metales. Volvió a pitar. Yo insistí en que no llevaba nada pero la agente de seguridad, con muy mala leche, comenzó a cachearme. No encontró nada. Volvió a pasar el aparatito detector y volvió a pitar entonces, la mujer decidió hacerme un cacheo más exhaustivo allí mismo, delante de todos los pasajeros que esperaban con atención un desenlace. Me metió mano: me tocó el culo con ambas manos y apretando bien, después por la parte del pubis sin contarse un pelo. Una vez acabada esta zona y no habiendo encontrado nada, pasó al pecho y me los tocó, incluso llegó a levantarme el sujetador, con la camiseta puesta claro, y me metió los dedos para inspeccionar si llevaba algo metido entre las tetas. Se creó un revuelo del que puede dar buena cuenta mi compañero de viaje y trabajo ese día, David Gistau.

Las mujeres indignadas protestaban y los hombres, no sin cierta vergüenza, me decían, “si sigue así vamos a tener que ir al baño a tocarnos porque esto parece una película porno de lesbianas”. Soy una mujer sin complejos y no me importó que allí se creara una escena a mi costa. Cuando acabó, le dije: “¿Te has quedado a gusto con el sobo que me has metido o quieres seguir metiéndome más mano?”. Ante el jaleo, finalmente se acercó un guardia civil y le dijo: “¡déjala ya!”, y por fin pasé el control.

Una Ley de Seguridad Privada más que polémica

Pues señores, a partir de ahora esto les puede pasar a cualquiera de ustedes en plena calle si un guardia de seguridad decide detenerle y cachearle ya que, según el proyecto de Ley de Seguridad Privada, se permitirá a los vigilantes identificar, cachear y detener a ciudadanos en polígonos industriales, urbanizaciones, zonas comerciales peatonales y acontecimientos deportivos, culturales u otros que se desarrollen en vías o espacios públicos, con la autorización pertinente, a quien cometa un delito y deberán ponerlo después a disposición de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Ante las protestas de varios colectivos, el Ministerio de Interior ha aclarado que los vigilantes nunca podrán proceder a su interrogatorio, ni practicar cacheos ni detenciones arbitrarias y añade que las detenciones serán practicadas sólo si la persona ha cometido el delito en el ámbito de protección del vigilante, es decir, el lugar que custodia.

Ahora bien, ¿Quién de los dos, el vigilante o el ciudadano, decide cuando el cacheo es arbitrario o no? ¿Quién de los dos decide qué es delito y qué no? ¿Por qué tenemos que aguantar que un vigilante de seguridad nos cachee según su criterio? Me niego. No quiero. Quiero que, si cometo algún presunto delito, me detenga, me identifique y me cachee un miembro de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Un Policía Nacional, un Policía Local, un Guardia Civil. Alguien que ha estudiado y se ha preparado concienzudamente para eso. No un vigilante de seguridad que lo que tiene que hacer es eso, vigilar la seguridad del sitio para el que se le ha contratado. Y no me vayan a malinterpretar con esto porque no estoy en contra de los vigilantes y mucho menos de su labor, al contrario, me parece tan necesaria como obligatoria, pero no se pueden dar competencias que rozan el ámbito estrictamente personal e íntimo a cualquiera, sólo a quién de verdad le compete esto, que es a quién se ha formado y preparado para ello.

Rosana Güiza Alcaide