Menú Portada
Los puntos cardinales

El cabreo del abuelo Giorgio

Abril 24, 2013

Italia ha vuelto a demostrar en los últimos días que es el paraíso de los corresponsales extranjeros. Siempre lo hemos mantenido en esta sección, pero las carambolas políticas transalpinas recientes han puesto de manifiesto una vez más que un periodista jamás se aburre en ese país. De las negociaciones políticas para elegir al Jefe del Estado también hemos podido extraer algunas conclusiones que demuestran que Italia es maravillosamente distinta.

Acababa el tiempo de Giorgio Napolitano en la Presidencia y, conforme a la Constitución, había que elegir a su sucesor, en una curiosa cabriola que obligaba a construir la casa por el tejado, es decir, a tener jefe del Estado sin contar aún con Gobierno. Para tal fin, los principales partidos manejaban sus nombres preferidos y, misteriosamente, existíamos a una buena sintonía entre el líder del centro izquierda, Pier Luigi Bersani, y Silvio Berlusconi. Ambos tenían claro que Franco Marini era el hombre de consenso. Pero un numeroso grupo de correligionarios de Bersani consideraba una afrenta el pacto con Il Cavaliere, toda vez que desde las elecciones generales su jefe había rechazado cualquier tipo de entendimiento con el magnate milanés. Así que esa voladura de los principios del partido democrático provocó un efecto dominó que ha dado al traste con las posibilidades de Marini como presidente, ha laminado a Bersani como líder del centro izquierda y ha tumbado cualquier posibilidad de que Romano Prodi pudiese ser el nuevo presidente de la República Italiana. Y en el fondo, muy en el fondo de todo ese caos político inconcluso, un Berlusconi con los rasgos cada día más parecidos a los de un muñeco de látex sonríe sabedor de que ni sus cuestionables mandatos al frente del Ejecutivo ni su proceloso camino judicial han acabado con él. Muy al contrario, sobrevive a toda esta tragicomedia, lo que hace reflexionar sobre el grado de descomposición de Italia, una potencia de primer orden en la que la estabilidad política es una quimera.

Respaldo y respeto

Y en estas, el saliente jefe del Estado, el anciano Giorgio Napolitano, ha conseguido el respaldo y el respeto de prácticamente todo el arco político del país. Además, a sus 87 años, consciente de la situación y haciendo gala de una encomiable responsabilidad patriótica, Napolitano ha agarrado el toro por los cuernos, como lo demostró en su discurso del lunes pasado, una bronca con todas las de la ley a una clase política que ha evidenciado su nula vocación de servicio del ciudadano. Después de tanta vicisitud, un octogenario que estaba a punto de retirarse tranquilamente a su casa parece ser el único capaz de dinamizar a una República anestesiada, dejando a un lado la imagen casi de atrezzo institucional que el presidente venía ejerciendo para ser la cabeza del Estado con todas sus consecuencias. Italia debería agradecerle a Napolitano su esfuerzo y su gallardía y ensalzar la tarea de un hombre que, si logra acabar este mandato, estará acariciando el siglo. El reelegido presidente es como Paco Martínez Soria en “El abuelo tiene un plan”.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.