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¡Qué fuerte!

El azote en peligro de extinción

Noviembre 18, 2010

El último estudio al que se han dedicado en una universidad ha sido para demostrar las consecuencias del castigo físico en la niñez. Parece ser que, en las últimas décadas, esta forma de disciplina paternal no es psicológicamente muy positiva. Dicen estos estudiosos que, el cachete, la bofetada o el azote no son adecuados a la hora de educar a un niño y si eso se da en un ámbito familiar, es porque el ambiente es negativo y problemático. Así que se acabó eso de “más vale un azote a tiempo” o “la letra con sangre entra” y, a partir de ahora, hay que aplicar, según los investigadores, un control, supervisión y disciplina constante que es mucho más eficaz que la fuerza física. Pero no opinan lo mismo el 60% de los españoles que están de acuerdo en dar una bofetada a un menor con el fin de evitar problemas mayores más tarde.
¿Quién de nosotros no ha recibido un azote alguna vez? Yo sí, y estoy enormemente agradecida a mi padre por aquel azote que evitó que cometiera una gran tontería. También recuerdo a mi madre corriendo detrás de mi con una zapatilla para darme en el culo por una mala contestación. Por supuesto, jamás volví a responderle con malas maneras y, por supuesto, tampoco me dejó traumatizada aquel zapatillazo, ni mucho menos. Esto no significa que fuese una niña problemática, y menos aún, que tuviese una familia desestructurada o que en casa tuviéramos un ambiente negativo y, menos todavía, que a día de hoy, esté traumatizada por aquello y mi vida sea un desastre.
Perdiendo el respeto

Aunque haya un 60% dispuesto a dar una torta, esto no quiere decir que lo lleven a cabo. La prueba está en la cantidad de niños que, o tienen amenazados a sus padres o a cualquier otra persona mayor, ya sean profesores o ciudadanos corrientes o, simplemente contestan y no respetan a los mayores. Está claro que las cosas han cambiado. Ahora ya no se pega a los niños ni se les castiga físicamente. Si un niño grita a sus padres, insulta a un profesor o le falta al respeto a un mayor, ahora no pasa nada y probablemente haya que pedirle disculpas a él por si le hemos provocado esa acción. Además, ellos se han aprendido muy bien la lección y, si te descuidas, amenazan con denunciar. Incluso los hay que llegan a autolesionarse con el fin de que a los supuestos padres maltratadores le caiga un buen puro encima. Y les aseguro que, a día de hoy, esto se da hasta en las mejores familias y no sólo en las marginales o problemáticas.

He visto a adolescentes por la calle haciendo gamberradas, en un buen barrio, y es mejor no decirles nada porque son capaces hasta de pegarte y si no, hagan memoria y recuerden por ejemplo, a esa señora que iba en un autobús y un jovenzuelo le clavó un bolígrafo en la cara simplemente porque ella les reprochó un comportamiento inadecuado. Esto es sólo un ejemplo de cientos relacionados con el alcohol, la droga, la mala educación, el maltrato, las amenazas, el miedo y un sinfín de situaciones lamentables.
Mucha culpa de esto la tenemos nosotros porque, jamás se me hubiera ocurrido faltarle al respeto a un profesor o dudar de su palabra y mucho menos a mis padres. Jamás escuché a mis padres hablar mal de un maestro o darme la razón a mí y no a él. Y ahora ocurre todo lo contrario. Se desautoriza y se amenaza al profesor delante del alumno y luego, pasa lo que pasa. Pasan cosas que vemos en Internet, grabadas para más humillación del adulto, en aulas donde se increpa, pega o veja al profesor. Y esto es consecuencia de aquello. Que quede bien claro que no lo justifico pero, quizás, un azote a tiempo…