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Los puntos cardinales

El ayatolá Khamenei le prepara el finiquito a Ahmadinejad

Marzo 6, 2012

Las elecciones legislativas celebradas el pasado viernes en Irán se parecen demasiado poco a lo que en las democracias occidentales entendemos por procesos para elegir a los legítimos representantes de la ciudadanía. En realidad, estos comicios tienen que ser interpretados como elemento ilustrativo para entender hacia dónde se inclina la balanza del poder en la república islámica, hasta ahora aparentemente dividido entre la vertiente “civil” del régimen, encarnada en el presidente, Mahmud Ahmadinjead, y la “divina”, representada por el ayatolá, Alí Khamenei.

Con su aplastante mayoría, el líder religioso estará en condiciones de poner en práctica algo que siempre ha pretendido. Se trata de aplicar una fórmula democrática que, en principio, tendría puntos en común con los sistemas representativos. Así, la mayoría de la Cámara elegiría un primer ministro; es decir, siguiendo los esquemas tradicionales de un sistema parlamentario, aunque con escasa entidad. Lo verdaderamente relevante es que, frente a la actual bicefalia, Irán contaría desde ese momento con una figura suprema que aglutinaría todas las competencias políticas, religiosas y militares.

Trucos de ilusionismo como maquillaje
Lo que realmente pretende el ayatolá Khamenei es eliminar el cargo de presidente para, de ese modo, concentrar en sí toda la maquinaria del Estado sin oposición alguna. Y si el líder supremo es capaz de acabar con la carrera política de Ahmadinejad, no es difícil entender que ni una sola de las personalidades disidentes aglutinadas en el Movimiento Verde que tomó las calles en 2009 se haya presentado a las elecciones.

No obstante, Alí Khamenei sabe muy bien que no se puede acabar con la figura del actual presidente de un plumazo. Si el régimen está de por sí muy sojuzgado por el resto de la comunidad internacional, hay que buscar trucos de ilusionismo que disfracen la división interna porque la misión principal es difundir señales de unidad nacional ante el exterior.

Occidente debe prepararse

Por eso, lo lógico es pensar que Mahmud Ahmadinjead seguirá en el cargo hasta el próximo año, en el que se deberían convocar de nuevo elecciones presidenciales, mientras sus capacidades ejecutivas quedarán progresivamente mermadas hasta que se desvanezcan en el éter. Hay ejemplos de sobra para saber hasta dónde llega la mano del ayatolá, como la reacción al intento de Ahmadinejad de fulminar al ministro responsable de los servicios de inteligencia, un hombre próximo a los influyentes clérigos.

Occidente debe prepararse, pues, para una vuelta de tuerca de la política de Teherán. Hasta ahora estábamos acostumbrados a la retórica grotesca y amenazadora de Ahmadinejad, quien se ocupaba, además, de asumir la política exterior del régimen. Le hemos visto junto a Hugo Chávez en Caracas, de igual modo que asistiendo en Nueva York a las sesiones de la Asamblea General de la ONU. El ayatolá, con su aspecto de venerable estudioso de escuela coránica, representa una imagen casi anclada en el tiempo.

Pero que nadie se confíe porque ahora disfrutará de un poder absoluto, sin que nadie le conteste si se empecina en desafiar al mundo con su programa nuclear y su orgullo ultranacionalista persa.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.