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Otras opiniones

El AVE, como presumir de ricos sin serlo

Julio 1, 2013

Desde que a finales del siglo XIX España perdió sus últimas colonias y con ellas la condición de “potencia” que hasta entonces, al menos nominalmente, ostentaba, ha estado sometida a una postración y marginación mundial de la que solo ha salido recientemente gracias al  tren de alta velocidad, el AVE.

Somos, después de China (con una población 40 veces superior) el país del mundo con más Km de AVE; políticos y expertos de todo el mundo acuden a España para conocer  la octava maravilla del mundo, nuestros AVES; los técnicos estadounidenses se deshacen en elogios lamentando que su país no pueda permitirse algo semejante y el orgullo de nuestros gobiernos y de nuestros ciudadanos no tiene límites

 ¿A quién no le parece una maravilla poder viajar de Madrid a Barcelona, a Sevilla, a Málaga, a Valencia, a Alicante y a muchos más sitios (el objetivo y la promesa es unir mediante AVES todas las capitales de provincia de España) en un tiempo equivalente o inferior al del avión pero sin tener que desplazarse con dos horas de antelación a un lejano aeropuerto, sin sufrir interminables demoras por “congestión” del tráfico aéreo, aguardar largas colas de facturación, soportar vejatorios striptease en los controles de seguridad ni permanecer todo el trayecto embutido e inmovilizado en un estrecho asiento pudiendo, por el contrario, llegar a una céntrica estación con cinco minutos de antelación, viajar en cómodos butacones situados detrás de mesas desplegables aprovechando el viaje para trabajar, leer o realizar actividades lúdicas, poder pasear entre los vagones y en los rellanos, utilizar a voluntad los cómodos excusados y comer o tomar una copa en los magníficos coches restaurante y, todo ello, a un precio aunque elevado, para bastantes, asequible?

En España todo va mal, pero tenemos el AVE que nos compensa de tanta frustración y del que, incluso quienes no lo utilizan, pueden presumir legítimamente ante el mundo; por eso, artículos como éste, que se plantean si el que nos vaya mal no tendrá algo que ver con que tengamos tantos y tan magníficos AVES, no son frecuentes ni populares.

 
Coste desorbitado

Y es que, aunque todos estamos de acuerdo en que el AVE es una maravilla, el problema es que lo que pagan sus usuarios tiene un carácter poco más que simbólico para sufragar los desorbitados costes de su construcción y mantenimiento y el resto, es decir, casi todo, tenemos que pagarlo el conjunto de los contribuyentes, lo que implica que la sociedad soporte una enorme carga impositiva para financiar los viajes de unos usuarios relativamente poco numerosos que, además, no suelen pertenecer a las clases económicamente más desfavorecidas.

En todo caso, el problema fundamental no es el de justicia distributiva sino el derivado de sus inasumibles costes: la realidad demuestra que ningún otro país del mundo puede permitirse nada semejante y como, además, la densidad de población española es baja, no es casualidad que nuestros maravillosos AVES sean proporcionalmente los menos utilizados del mundo. Los multimillonarios gastos que ha supuesto y está suponiendo su construcción y mantenimiento se han hecho a golpe de pura decisión política y sin análisis de rentabilidad, de amortización o de tasas de retorno de la inversión dignos de tal nombre; si se hubieran realizado dichos análisis, como han puesto de relieve fundamentados estudios de prestigiosos profesores de transportes, los resultados hubieran resultado tan escandalosos que no se hubiera podido construir prácticamente ninguno, dado el inaceptable coste que cada usuario del AVE supone para los contribuyentes.

Déficit disparado

Hace pocos días la Ministra de Fomento anunciaba orgullosamente que se han “invertido” en la construcción de los actuales AVES casi 50.000 millones de euros ¡¡más de ocho billones de pesetas!!; adicionalmente, de los AVES actualmente en construcción, solo en el Madrid-Galicia está previsto “invertir” más de 12.000 millones de euros (2 billones de pesetas). Aunque estas astronómicas inversiones no se están amortizando, ni siquiera contablemente, los cánones que con el dinero obtenido de los usuarios paga RENFE al ADIF para el mantenimiento de las  infraestructuras son tan reducidos en comparación con los costes que no impiden que este tenga un déficit de más de 1000 millones de euros anuales y, pese a ello, la propia RENFE tiene pérdidas anuales de una cantidad casi equivalente.

Como se ha dicho, todos estos gastos, con tendencia imparablemente creciente a medida que se construyen nuevos AVES, los pagamos entre todos y sus costes se detraen de la sanidad, de la educación, de las pensiones, de las prestaciones de desempleo, etc. y, además, hacen preciso aumentar los impuestos; para darnos una idea de su magnitud, baste decir que con la tan reclamada y aireada reforma de la Administración, el Gobierno ha declarado que aspira a ahorrar (otra cosa es que lo consiga) 7.500 millones de euros. El que el Gobierno acabe de crear una nueva tasa que deben pagar los usuarios de los autobuses interurbanos, que pertenecen al espectro social más desfavorecido, para poder financiar a los que no tienen necesidad de utilizarlos porque pueden pagarse un billete de AVE no parece que sea socialmente defendible; a mí, me parece escandaloso.

Políticamente rentable, económicamente ruinoso

El AVE es glamuroso y políticamente muy rentable pero, por mantenernos en el ámbito de las infraestructuras, la construcción del AVE Madrid-Galicia con el coste descrito y que, con suerte, utilizarán 1.000 viajeros diarios, ha provocado cosas, por poner un ejemplo entre miles, como la suspensión indefinida de la terminación de las obras de prolongación de la autovía de circunvalación de Tenerife en el tramo Adeje-Santiago del Teide, que permitiría que  los miles de vehículos que diariamente circulan por la atestada carretera costera actual ahorraran hasta una hora de viaje con un coste de menos de 25 millones de euros (menos que 2 Km del AVE a Galicia). El artificial independentismo de una parte de los canarios que, además, no tienen ferrocarril, está alimentado por este tipo de cosas, y menos mal que su alternativa es la de integrarse en la Organización de Estados Africanos.

Los complejos y fundamentados estudios realizados por catedráticos de transporte a los que antes nos hemos referido han puesto de relieve, no sólo el despilfarro y la aberración económica que supone la desmesurada inversión en AVES, sino su carácter perturbador para la vertebración del conjunto del territorio español y sus disfuncionales efectos respecto al equilibrio regional y la distribución de la riqueza; son hechos demostrados que el AVE está contribuyendo a incrementar las desigualdades, a despoblar el campo, a concentrar la población en lugares ya saturados y a dificultar un urbanismo sostenible pero ¿quién piensa y tiene en cuenta todo eso? nuestros Gobiernos, desde luego, no; todo lo contrario.

Inversiones alternativas

Los ejemplos de inversiones y prestaciones rentables y justificadas que podrían hacerse, en todos los ámbitos, con las ingentes sumas que se malgastan en AVES sin utilidad social significativa podrían ser infinitos, pero aquí nadie parece darse cuenta de que gobernar es distribuir recursos escasos y estamos acostumbrados a que los  sindicatos y los ciudadanos reclamen, y los partidos prometan, becas para todos, sanidad y educación universales y sin copago alguno, aumento de las pensiones y de todo tipo de prestaciones y servicios sociales y, al mismo tiempo y sin merma de nada de lo anterior, AVES a todos sitios y, eso sí, todo ello con reducción de impuestos y cargas sociales; y al que más se valora es al que más da. El Ministro Wert es el miembro del Gobierno peor valorado, entre otras cosas, porque se atreve a defender que no puede ni debe haber becas universitarias para todos y la Ministra Pastor una de las más valoradas porque construye AVES por doquier. Los AVES a las fronteras francesa y portuguesa para “enlazar” con los de dichos países -que en ambos casos han reiterado que no tienen intención alguna de construir- son un ejemplo de lo que se está haciendo, eso sí, con el apoyo y aplauso de la ciudadanía.

Entramado de intereses

Adicionalmente, el gigantesco y complejo entramado de intereses privados y públicos, agravado por la drástica separación entre la construcción y gestión de las infraestructuras y la explotación de los servicios ferroviarios que, aparte de España, prácticamente ningún país del mundo aplica y la multiplicidad de órganos, entes y empresas intervinientes, ha hecho el control económico casi imposible y ha ido disparado los gastos: el coste por km del AVE Madrid Barcelona, en euros de valor constante, ha sido ¡más de 2,5 veces! superior al del Madrid- Sevilla y el del Madrid-Galicia ¡cuatro veces superior!; algunos estudios han cifrado en casi el 10 % del PIB el monto del dinero que se mueve en torno al AVE que, pese a ello, transporta una parte ínfima de nuestros viajeros (todo el ferrocarril transporta apenas el 6% de los viajeros y, dentro de este, donde el grueso lo constituyen los de cercanías, los viajeros del AVE son una parte reducida, sin que pueda conocerse el porcentaje exacto porque, “inexplicablemente”, las estadísticas oficiales no explicitan el número de viajeros del AVE desagregado del resto de las líneas de largo recorrido).

Es lógico que los contribuyentes paguemos transportes públicos de carácter social pero no se ve ninguna razón para que financiemos servicios de lujo para las clases privilegiadas, sobre todo, teniendo en cuenta su coste; ¿por qué, en lugar de pagar entre todos AVES a todas partes, no se liberaliza su construcción y explotación dejando que las empresas y el mercado decidan que AVES deben, en su caso, existir, sobre la base de que su coste sea sufragado exclusivamente por quienes los utilicen? La gestión sería mucho más eficiente aunque, a pesar de ello, me temo que no existiría ninguno.

Las pirámides de España

Cómo se ha dicho, ningún país del mundo, incluyendo los más ricos y densamente poblados, ha considerado que resulte razonable el permitirse nada parecido a nuestros AVES; aquí, el AVE se ha ido convirtiendo en un fin en sí mismo, en una religión para cuyo Dios todos los sacrificios son pocos y que está en trance de significar para España lo que la construcción de pirámides y templos significaron para Egipto o la construcción de gigantescas cabezas para la isla de Pascua; aunque el AVE no sea menos maravilloso que estas construcciones, el destinar la mayor parte de sus recursos a dichos fines improductivos acabó con estas civilizaciones ¿acabará el AVE con España?.

Adolfo Barrio