Menú Portada
Otras opiniones

El ataque a Siria

Septiembre 9, 2013

El premio Nobel de la paz que preside los Estados Unidos ha anunciado que va a atacar a Siria y, pese a su fracaso en la búsqueda de aliados y a las inesperadas dificultades que está encontrando en el Congreso de su propio país, como es hombre de palabra, existen pocas dudas de que lo hará y que las bombas y misiles norteamericanos caerán sobre los sirios.

Obama anunció que la utilización de armas químicas por parte del ejército sirio sería traspasar “la línea roja” que le obligaría a atacar militarmente al régimen sirio y ¡oh casualidad!, una semana después Estados Unidos descubrió que dicho ejército había lanzado un ataque utilizando dicho tipo de armas. Alguien podría preguntarse cómo es posible que Obama, cuyos técnicos no han estado allí, sepa que dicho tipo de armas han sido utilizadas por El Asad (aunque no ha facilitado prueba alguna al respecto) y, en cambio, los técnicos de la ONU, que si han estado sobre el terreno y han podido conocer todos los aspectos de la cuestión, hasta el momento no han considerado en absoluto probada dicha utilización.

El margen de Obama

En todo caso, Obama ha dicho que “está seguro, con un margen muy amplio (curiosa frase, analícenla despacio) de la utilización de armas químicas por El Asad”; es posible que dicha utilización se haya producido, pero el sentido común parece indicar que resulta poco probable que El Asad, que es un dictador implacable, pero que no es idiota, haya elegido el momento en el que su ejército se estaba imponiendo en el campo de batalla y Obama lanzaba su drástica amenaza para servirle en bandeja los motivos para cumplirla. Parece más probable que la pretendida utilización de armas químicas por El Asad sea el equivalente a las nunca encontradas armas de destrucción masiva de Sadam Hussein que “legitimaron” la invasión de Irak o, remontándonos más lejos, a la igualmente falsa voladura por España del acorazado “Maine” que sirvió a los EEUU de coartada para el ataque a nuestro país en 1898 y la destrucción por la moderna y potente marina americana de la flota de barcos de madera del almirante Méndez Núñez con el fin de arrebatarnos Cuba y Puerto Rico.

 

Legalidad internacional

La legalidad internacional exige que el ataque a cualquier país sea aprobado por la ONU, pero eso nunca ha detenido a EEUU que ha intervenido militarmente decenas de veces en diversos países del mundo dejando siempre, no solo un rastro de ruina y desolación, sino las cosas mucho peor que estaban antes para los ciudadanos cuya “salvación e incorporación a la democracia” servían de coartada a su agresión.

La democracia no se puede imponer a sangre y fuego en sociedades que cultural y socialmente están en nuestras antípodas, tiene que llegar, como ocurrió en Occidente, cuando se den las circunstancias sociales que la propicien pero, por supuesto, la democracia no es para EEUU sino un mero pretexto al servicio de sus intereses; ¿Cuál es la diferencia entre la dictadura de El Asad en Siria y las monarquías absolutas de Arabia Saudí o los emiratos del Golfo, principales beneficiarios y valedores del ataque a Siria? La respuesta, obviamente, está en su petróleo y en que son  enemigos de Irán y aliados de los propios EEUU.

Resulta curioso que un país cuyos fundadores, los peregrinos del Mayflower, eran puritanos valedores de las esencias del cristianismo, vaya realizar un ataque que nadie rechaza con más fuerza que ese 10% de la población siria que profesa el cristianismo y a los que el régimen laico de El Asad les sirve de salvaguarda frente a lo que saben que les esperaría si fuera derrotado; y es que, nadie lo dude, la caída de los regímenes árabes laicos nacionalistas, anti-imperialistas y teóricamente progresistas que uno tras otro Estados Unidos ha ido propiciando (Irak, Libia, Egipto y ahora Siria) inevitablemente va seguido por la toma del poder por los islamistas que no reconocen ni respetan otra ley que la del Corán interpretado a su manera, de una opresión a las minorías, especialmente a la cristiana, y de una ausencia de libertades considerablemente superior a la existente en las dictaduras laicas a las que han sustituido.

La situación de caos y enfrentamiento generalizado que se ha desencadenado en todos esos países y, no ya el riesgo, sino la práctica seguridad de que los islamistas más radicales serían los principales beneficiarios de la caída de El Asad, debería servir de advertencia a EEUU, que ha sufrido en sus carnes el terrorismo islámico, y probablemente lo está haciendo, porque Obama ha manifestado que su propósito es debilitar a El Asad, no hacerlo caer; es decir, ante las circunstancias que en el campo de batalla estaban dando la victoria El Asad y “amenazando” con acabar con la guerra en Siria, EEUU va a reaccionar creando las condiciones para que ninguna de las partes pueda imponerse a la otra y la guerra y la matanza continúen indefinidamente; y todo ello por razones “humanitarias”; esperpéntico.

Excusas y espías

El cinismo de EEUU resulta, como siempre, escalofriante; el mismo país que, gracias a las revelaciones del perseguido héroe Snodwen se ha sabido que proporcionó a Sadam Hussein gas sarín (la más conocida de las armas químicas) para que lo utilizara en la guerra contra Irán y que ha permitido que el pasado año sus “primos” ingleses se lo vendieran al propio El Asad, argumenta ahora, sin aportar prueba alguna, su pretendida utilización, para atacar al margen de todas las normas internacionales a un país soberano. En todo caso, si Obama está tan seguro de la utilización de armas químicas por El Asad ¿porqué no espera a que los técnicos de la ONU, que han estado allí para averiguarlo, aporten las pruebas que lo confirmen?

Las razones son sin duda muy variadas y probablemente nunca las sabremos todas, pero está claro que la confluencia de intereses de Arabia Saudí (su principal proveedor de petróleo) e Israel (su principal país protegido) en debilitar el arco chií encabezado por Irán y del que forman parte Siria y sus aliados de Hezbolá y Hamás  está jugando un papel fundamental; también sin duda habrán tenido un peso importante la presión de los influyentes “halcones” del Pentágono (para los que la guerra, cualquier guerra, es un fin en sí misma) y los réditos electorales ante la opinión pública americana de que EEUU siga haciendo de interesado gendarme mundial (sobre todo si, como parece y ya ocurrió en Libia, la operación se va a hacer a base de bombardeos y medios tecnológicos y sin tropas terrestres que sufran bajas).

Los EEUU se merecen lo que les pase; quienes no se lo merecen son los países atacados y sumidos por él en el caos. El resto de los países occidentales (considerados, en general con razón, como cómplices) que de rebote sufrimos las consecuencias de la radicalización islamista y las actuaciones de terrorismo y secuestros que las actuaciones de EEUU propician, deberíamos aprender a tomar nuestras propias decisiones; lo ocurrido en la reunión del G-20 y, especialmente, la firme posición de Alemania, que se ha manifestado como radicalmente contraria a cualquier intervención en Siria, debería servirnos de ejemplo a todos para dejar de ser meros satélites del imperio americano al servicio de sus espurios intereses.

Adolfo Barrio