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Otras opiniones

El arte de la Dialéctica

Junio 15, 2010

Bienvenidos a la Grecia Clásica. Os introduzco a dos compañeros que me escoltan  asiduamente por calles y tabernas. Se llaman Dialéctica y Retórica y últimamente se relacionan de maravilla con el pueblo. Gracias a ellos, los ciudadanos pueden mantener discursos acalorados sobre numerosas materias, llegando o no, a convencer a su oponente. Me aproximo a una esquina y puedo escuchar como un grupo de jóvenes discuten sobre la apreciación que para ellos merece una bella “Artemis”. Sus disertaciones exaltan las características de las Dianas primitivas y demuestran la elegancia y refinamiento de sus comentarios.

Grecia, cuna de nuestra cultura, maravilló durante décadas al mundo con la efervescencia de almas inquietas, dispuestas a enarbolar la condición humana. Debo decir, que muchas de las cualidades de este pueblo deberían regir el panorama internacional actual. La Dialéctica y la Retórica, como forma de comunicación; el arte, la filosofía y la cultura, como forma de vida; la libertad de expresión y  de movimiento, como forma de entender al ser humano.

Dialogando con un sabio hombre, entendí que la belleza de las cosas puede ser mucho más sencilla y gratificante, siempre que hagamos un esfuerzo por entender contenidos ajenos a nuestras disciplinas afines. Creo firmemente que procurar entender las diversas manifestaciones artísticas con las que el hombre puede encontrarse diariamente, aportará una sabiduría capaz de resquebrajar cualquier defecto perceptible por la razón.

Transmitir, soñar, debatir…

Sueño con encontrar foros, universidades…. donde las personas sean los protagonistas. Individuos capaces de entregarse, de dialogar sobre asuntos dispares con conocimiento. Sueño con tener amistades con las que pueda charlar sobre Benedetti, Fellini o el romanticismo. ¡Amigos! Hagamos un esfuerzo, la vida puede ser maravillosa si intentan descubrir parámetros desconocidos. En caso contrario, se marcharán perdiendo la oportunidad de descubrir, sentir o incluso plasmar sensaciones que muy lejos están de las experimentadas hasta el momento.

Hagamos como aquellos habitantes griegos que mantenían debates sobre las formas de las estatuas del templo de Olimpia, la talla de sus Apolos desnudos o los fastuosos mosaicos de pavimento. Disfrutemos, como ya hacían nuestros antepasados dialogando con cierto grado de erudición  sobre materias dispares que enriquezcan nuestro espíritu. 

Entiendo que no existe nada más bello que transmitir el conocimiento, de una forma distinguida y atractiva. Me apasionan las personas inquietas que luchan por conseguir objetivos en una sociedad que desconectada de la verdadera realidad, desaprovecha y abandona las oportunidades que le brinda una época histórica estable y democrática.

Alejandro Serrano es estudiante de Derecho, Económicas y Políticas