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Otras opiniones

El arma secreta de Rajoy para liquidar a ZP

Abril 25, 2010

Me encontré con Mariano Rajoy, se nota físicamente que hace su hora de deporte todas las mañanas, en el Tanatorio de la M-30, para consolar a un amigo común entrañable que acaba de perder a su padre. ¡La vida y la muerte siempre pintadas en la comisura de los labios!

En este tipo de acontecimientos sociales siempre hay “apartes”. Hacía mucho tiempo que no tenía una conversación por corto y por derecho con el jefe del Partido Popular. Me encontré con el Mariano de siempre, sensato, lleno de sentido común, con un discurso aplastante en corto. ¿Por qué no termina de llegar este hombre y los españoles prefirió a un chikilicuatre como Zapatero? Esta es la cuestión.

Arriola, superado

Dice uno de los hombres que más sabe de España de estas cuestiones técnico/mediáticas/sociológicas -por eso le fichó César Alierta-, que la teoría acerca de perder o ganar los partidos políticos que mantiene el principal sociólogo de MR está superada. ¡Qué gran fichaje externo haría Rajoy y, probablemente, gratis!

Pues bien, esta teoría no sólo la suscribe el buen y leal colaborador de Alierta, sino mucha gente enterada y al cabo de la calle. No basta ya, Mariano, con sentarte a la puerta de tu chiringuito a ver desfilar el cadáver -político, naturalmente-, del peor presidente que parieron estos montes y que ha conseguido dejarnos sin pan y que volvamos a pelearnos los españoles por la Guerra Civil. ¡Qué gran responsabilidad la de este inconsciente!

No, Mariano. Hace falta algo más para enganchar a jóvenes y viejos, pasando por carrocillas y gentes de todo tipo y condición. El marido de Celia Villalobos, es aquel eslabón perdido que Cuevas se quiso liquidar en CEOE y encontró acomodo en las faldas de un mediocre Aznar. Este sevillano, el bien pagao, no sabe ya ni por dónde sopla el cierzo.

Queremos un líder no un bailarín

Por eso creo, que Mariano Rajoy tiene que mostrarse cada vez más al gran público; es decir, al pueblo español, como realmente es. Una persona normal, leída, de clase media, sensato, independiente de botines y pacosgonzález, administrador probo del jurdó que nos trinka la Hacienda, ordenado en las cosas de comer y en el que la Presidencia del Gobierno recupere la dignidad que tuvo con Adolfo Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González y si se me apura con José María Aznar.

Porque lo esencial en esta hora de cinco millones de parados y ocho millones de españoles en el umbral de la pobreza no es contar con un bailarín/maniquí residiendo en el Palacio de la Moncloa. Lo prioritario, lo urgente, los perentorio, lo básico, lo elemental, es contar al frente de nuestro destino con una personal cabal, honrada y con un mínimo de sentido común. Nada más.

Ahí tiene Rajoy su gran oportunidad. Simplemente con que traslade a una mayoría de españoles que no jugará con su presente ni el futuro de sus hijos. Ya sé que no puede cenar con los 47 millones de españoles para que le conozcan sin los intermediarios mediáticos zapateriles (he ahí el gran problema), pero a su alrededor tiene a mucha gente inteligente, aunque no todos.

¡Qué espabilen! De lo contrario, si se mantienen esos colaboradores en la incapacidad para transmitir quién es auténticamente su jefe, que se vayan a las Tablas y pregunten por mi paisano, lleno de experiencia y éxitos. Incluso le podrán contratar gratis.

Por su país estaría dispuesto a cualquier cosa.

Ya no hay posibilidad de marcha atrás.

Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es