Menú Portada
Otras opiniones

El agosto de Ruíz Gallardón

Enero 10, 2012

Curiosa manía del Estado aquella que consiste en cargarnos con la culpa de todo. Nosotros, los ciudadanos de simple infantería, hemos sido los responsables de todos los males que han asolado, asolan y asolarán España. Nuestros máximos responsables nunca tienen la culpa de nada. Viven –y se desviven-, porque llegue a buen puerto la nave del Estado. No como nosotros. Se me ocurren muchos ejemplos de esto que os digo. Muchos más ahora, por desgracia. Pero hoy quiero hablaros de nuestro flamante ministro de Justicia, y de sus todavía más flamantes ideas sobre la agilización de los procesos en España.

Los Juzgados están sobrecargados y la Justicia, en consecuencia, es lenta. Este es uno de los ancestrales problemas españoles. Menos mal que el nuevo ministro de Justicia, Alberto Ruíz-Gallardón, ha encontrado la solución de este endémico mal de nuestra sociedad. Al ministro se le ha encendido la bombilla, y ha decidido que trabajemos todos en agosto. Declarar como hábil, a efectos procesales, este mes de verano. De paso, nos deja a nosotros –los profesionales del Derecho-, sin ese tiempo de relax estival. Y es que todos sabemos que la culpa del estancamiento de nuestros órganos judiciales es de los abogados y de los procuradores: no trabajamos lo suficiente para el ministro Ruíz-Gallardón.

En el pecado llevamos la penitencia

Vaya por Dios. Resulta que la culpa de este estado de cosas era nuestra. Los profesionales del Derecho éramos los responsables de que los procesos tengan una tramitación lenta y de que los órganos judiciales estén, literalmente, saturados de asuntos. Y como en el pecado llevamos la penitencia, Ruíz-Gallardón pretende que sigamos arrastrando la cartera de Juzgado en Juzgado también en el mes de Agosto.

Agosto. Un mes en el que muchos de nosotros ya trabajábamos antes de este ministro y –me temo-, que después de él. Porque se trata de un mes en el que ciertas tramitaciones urgentes no se detienen y porque –inapelable lógica financiera de los Despachos-, tendemos a no cerrar nunca para nunca dejar de generar ingresos. Seguir trabajando en verano para seguir tirando de nuestras economías inestables. Ahora, además y por cortesía de Alberto Ruíz Gallardón, aquellos de nosotros que pretendamos marcharnos en agosto a cualquier sitio deberemos asegurarnos de encomendar a un compañero la eventualidad de tener que acudir a alguna contingencia procesal. Como siempre, no hay problema para los grandes Despachos. El problema viene para nosotros, el resto de los abogados y de los procuradores españoles. Es decir, el noventa y cinco por ciento restantes que, muchas veces, se vería obligado a abonar estas actuaciones realizadas en su sustitución.

El chocolate del loro

El chocolate del loro y medidas cara a la galería. Esto no se va a arreglar añadiendo un mes hábil a nuestras agendas. Se trata de una cuestión de Estado cuya solución requiere muy poca imaginación. Creación de más Juzgados y dotación de más avanzados medios técnicos. Ni más ni menos. Las soluciones que se han venido dando desde tiempo inmemorial –por otra parte- , y que nadie puede acometer en profundidad porque faltan recursos financieros. Gestión de recursos presupuestarios públicos en los que poco, o nada, podemos intervenir los profesionales del Derecho. Ojalá que los ciudadanos pudiéramos intervenir, de forma directa y responsable, en la gestión de estos recursos. Pero esa es otra historia.

Dice Marañón que el Conde Duque de Olivares atribuía a la desgracia los reveses que iban marcando el declive español. Dios castigaba nuestros pecados a través de nuestra decadencia. Ruíz Gallardón –que, desde luego, no es Olivares-, viene a atribuir el estado de nuestra Justicia a los profesionales que trabajamos en ella. En España, ya se sabe, la culpa de todo la tiene el Abogado.

Ignacio Toledano es Abogado