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Otras opiniones

El acantilado se había tragado sus ilusiones

Septiembre 11, 2014

VÉRTIGO

Por fin estaban llegando. La deseada playa se encontraba a escasos centenares de metros. Casi se imaginaba que podía tocar las olas. De repente visualizo una cortante vertical de varios pisos de altura y la playa, encajonada abajo. Era como si se hubiese hundido fruto de un movimiento de tierras. Sintió miedo. Para reducir la impresión, alguien había forrado las paredes con paneles madera, lo que daba un aspecto de cajón de funicular. Inaudito. Ya no tenía tantas ganas de darse un baño. El acantilado se había tragado sus ilusiones. Aunque nadie parecía acusarlo.

Despertó ansioso, preguntándose si su vida no estaría sufriendo un cataclismo.

A FAVOR

Veía a la mujer correr mientras pensaba en lo ingenua que era, por no saber que faltaban cinco minutos para que pasara el tren. Caminaba tranquilo consultando el reloj. Cuando llegó al andén descubrió que el tren estaba ahí, esperándole. Grata sorpresa. La vida no suele ser tan magnánima, pensó. Detrás de él, una persona se quedó en tierra, ante las puertas recién cerradas. ¿Magnánima para quién?

OTRO PUNTO DE VISTA

Cada uno entró en su baño del camping. Las llaves de vehículo eran únicas, y resultó que se las llevó ella. Al salir, él estuvo esperando un rato hasta que finalmente apareció ella. Él estaba de excelente humor mientras que ella un poco culpable. Se disculpó por la espera. Contesto él:

       Tengo la suerte de esperarte porque estás aquí conmigo.  

Las vacaciones también son para comportarse de forma distinta. Y aprender cosas nuevas. Como valorar cosas que damos por sentadas.

ACCIDENTES

Con este eran tres los accidentes de coche que había tenido. Todos de categoría mortal, si bien había resultado indemne cada vez. Burlaba las garras del más allá sistemáticamente. Pregunté ingenuo si había desistido en su búsqueda de riesgo, a lo que respondió que nunca había estado en su mente conocer al altísimo antes de la vejez. La primera vez fue por salvar un gato que se cruzo en su camino. La segunda, fue embestida mientras estaba parada. La reparación resultó más costosa que el valor del vehículo en mercado. Le sugerí que pensara en otro medio de transporte más seguro. – ¿Y el tercero? – pregunté. La respuesta me dejó helado. – El tercero está por llegar – dijo con la mirada ausente.

Tuve la sensación de estar hablando con un cadáver.

CAMBIO DE PLANES

Escuchaba sus diatribas acaloradas. Hablaban sobre el mercado, la situación actual, las tendencias de compras, mejores estrategias. De repente, el responsable de las cuentas, que se distinguía porque era el único con corbata, le miró y dijo, entre risas: – Igual que te los voy a pedir a ti –. Se hizo silenció. Las miradas se fijaban en él, sentado en una silla con los brazos cruzados. Había perdido parte de la conversación, porque no entendía bien la jerga que se manejaban. Pero esa frase no dejaba lugar a dudas. Se mantuvo en silencio, sin atreverse a decir nada. Sintió que el fondo se ondeaba, como el telón de un escenario de teatro sometido a una corriente de aire. ¿Cuándo habían cambiado tanto los términos? Lo que habían acordado era prospección de mercado, abrir puertas, pero nada de resultados.

El horizonte cambió de aspecto cuando el decorado terminó de caerse al suelo y dejó ver los andamios que soportaban la estructura del escenario.

© Javier González Cantarell