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No me moverán

Economistas y secesión

Noviembre 5, 2012

El sentimiento independentista tiene una base emocional. Nadie da racionalmente su vida o su estabilidad personal o familiar por un futuro incierto. Pero, el sentimiento tiene que revestirse de razones. Los líderes secesionistas necesitan argumentos que refuercen su postura. En algunos casos económicos.

No siempre los procesos secesionistas tienen un discurso económico oficial. Pero, sí una base de intereses de sus vanguardias. Si se consigue el objetivo secesionista hay grupos favorecidos. Muchas veces no son los que más se han jugado en el empeño. Las revoluciones pueden devorar a sus protagonistas. La historia es así. Pero, en todo caso, siempre aparecen unos privilegiados acabado el proceso. <br />

Para revestir estos intereses se suele utilizar argumentos variados. En los últimos tiempos se pide a los expertos que les den una pátina científica. Entre ellos a los economistas. Para ello utilizan las Balanzas Fiscales.

La balanza fiscal, el argumento y sus fallos

Para justificar la secesión los economistas utilizan un cálculo de flujos fiscales: cuanto aporta un determinado territorio al conjunto del que se quiere separar y cuanto recibe de él. Si recibe menos de lo que aporta se justifica la secesión. Pero el argumento tiene fallos que no reflejan sus defensores.

El primer fallo es dar entidad fiscal al territorio. Es una falacia. Dentro de un mismo territorio hay personas favorecidas y otras perjudicadas fiscalmente. Los que tienen rentas altas suelen aportar más que los que las tienen bajas. Esa es la razón de los Estados modernos. El principio de solidaridad es la base del Estado del Bienestar. Son las personas, físicas y jurídicas, no los territorios, los entes fiscales. Lo contrario es absurdo. Si los territorios fueran los entes fiscales la secesión se podría dar hasta el infinito. De un territorio separado se podrían volver a separar trozos teóricamente menos favorecidos. Así sucesivamente, hasta llegar a un territorio compuesto por una sola familia o, incluso, una persona.

Además de este fallo de principio, hay también dificultades técnicas. No es fácil, y si discutible, el cálculo de los flujos fiscales. Por ejemplo: cuando una empresa vende fuera del territorio donde tiene su domicilio fiscal, los impuestos por la venta (IVA) o los beneficios generados (Impuesto de Sociedades): ¿Se deben adjudicar al territorio donde está su domicilio fiscal o al territorio donde se realizó la operación de venta? No hay datos desagregados para hacer ese cálculo con cierta precisión. 

También se producen transferencias monetarias entre diferentes territorios a personas físicas individuales. Entre ellos: la jubilación, la prestación o subsidio por desempleo, diferentes subvenciones o atenciones sanitarias y educativas… Incluir estos flujos monetarios para el cálculo de una Balanza Fiscal sería lo justo. Sin embargo, su calculo ni es fácil, ni indiscutible. Veamos el caso de la jubilación.

El flujo monetario de las jubilaciones es discutible

Las personas de un territorio pueden recibir más dinero por sus jubilaciones del que aportan. En ese caso podríamos decir que el territorio está siendo beneficiado. No obstante los ciudadanos del mismo pueden argumentar que como ellos pagaron más cuotas antes, al tener rentas superiores, ahora merecen más. Si no hay cotizantes suficientes dentro de su territorio, si está envejecido, se debe a que los territorios desarrollados pasan por etapas naturales de desiertos de natalidad (caso de Cataluña). Así qué este beneficio se lo ganaron antes.

Por contra, los trabajadores del resto de los territorios pueden argumentar que lo están beneficiando. En particular si el sistema de pensiones es de reparto, como el español. En este sistema, la población activa de un momento dado, paga a la población pasiva contemporánea. Si un territorio recibe más de lo que paga ¿No está siendo subvencionado? Es una discusión interminable.

La secesión como sentimiento, no es racional. Los intereses personales si son racionales.

Como se ve, los argumentos son contradictorios y basar un sentimiento de secesión en ellos es poco racional. Lo cual no quiere decir que sea irracional. Los economistas dan argumentos a favor y en contra, pero ambos son rebatibles.

En conclusión, si los políticos están para resolver problemas, no para crearlos, su primer trabajo ante un intento de secesión es entender la naturaleza sentimental del mismo. También es necesario saber que, detrás del intento de secesión, hay intereses personales cuya satisfacción puede ser una de las vías de solución del conflicto, porque los intereses personales sí son analizables racionalmente.

J. R. Pin Arboledas. Profesor del IESE. Director el Executive MBA, Madrid