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No me moverán

Economía y política, paciencia: esperar a la Primavera

Septiembre 4, 2012

Hemos vuelto del verano. Agosto invitó al ocio. La siesta se apetecía necesaria y la pereza se metió por las rendijas que abre el calor del viento africano. En política y economía ocurrió otro tanto. Hasta la Prima de Riesgo se dio un respiro bajando de los 500 puntos en algunos momentos y Agosto se convirtió en un mes alcista en la Bolsa española.

Por contra, las mañanitas frescas de Septiembre animan a desperezarse. Sin embargo, en economía, más que fresquito, ha entrado una corriente congeladora. Procede del norte, de Europa, y bajará la temperatura económica de manera contundente. También los vientos autóctonos enfrían la política.

Otoño económico invernal

La subida de impuestos, la contención del gasto público, la bajada del PIB y el aumento del desempleo helarán el ambiente. Disminuirá aún más el consumo y sólo el tirón del sector exterior mantendrá caldeados algunos sectores, reducido el turismo al letargo invernal, salvo en Canarias.

Un panorama poco alentador al que amenazan los nubarrones negros de mayores exigencias de recortes por parte del BCE y la Comisión Europea para aprobar un rescate para España, blando o duro, pero necesario. Para lo que de verdad interesa a los españoles, el desempleo, se conocerán cifras de seis millones de parados que recogerá la EPA (Encuesta de Población Activa), de diciembre de 2012, publicada en los primeros días de 2013. Será un otoño económico invernal.

Con todo esto, el crédito del Gobierno se deteriora. La referencia a la anterior Legislatura como causa de los males seguirá siendo legítima, pero su eficacia exculpadora cada vez es menor. Rajoy tendrá que hacer pedagogía para cada nueva medida que le impongan desde Bruselas. Sobre todo, después de haber anunciado que se han acabado las subidas de impuestos. Lo que por lógica significa que hay que seguir reduciendo gastos públicos. El Estado del Bienestar deberá ajustarse y eso no será agradable para el ciudadano común.

Otoño político invernal  

Por si fuera poco, el adelanto de las elecciones vascas, que arrastró a las gallegas, no va a dar un cuadro electoral favorable al partido del Gobierno. Sólo si el PP obtiene  mayoría absoluta en Galicia, y mantiene su Gobierno, salvará la cara.

En todo caso, las lecturas internacionales de una mayoría amplia de nacionalistas y abertzales arrojarán dudas sobre la deriva soberanista y la capacidad del Estado de reconvertirla. A largo plazo, las aguas volverán a sus cauces y el simulacro de cuarta guerra carlista, que ha supuesto el envite de ETA, acabará como todas ellas: pensiones y cargos para los gudaris dentro del sistema. Pero, a corto plazo, la desestabilización está servida, salvo que el PNV circule por el sentido común que perdió con Ibarretxe.

Cataluña y Andalucía, arruinadas por su mala administración anterior, también echarán las culpas al Estado central. Pedirán árnica económica, pero sin renunciar a mantener una actitud hostil, creyendo así que salvan la cara. El Gobierno ya ha anunciado que les ayudará; pero ellos mantendrán la actitud arrogante del que sabe que es culpable y no quiere que se le vea el trasero.

¿Y la primavera?
No hay mal que cien años dure. El Gobierno espera que pasado el otoño invernal de 2012 en marzo próximo llegue la primavera económica y política. La construcción del Banco Malo y el rescate de la Banca dinamizarán el crédito a partir de abril/mayo y empezará la recuperación. Es posible que así sea si, además, Europa se decide a tomar medidas para salvar las economías española e italiana. Lo que al fin y a la postre es salvar el Euro y el resto de las economías continentales, incluidas las hoy boyantes como Alemania, que empiezan a mostrar signos de debilidad (¡Allá Inglaterra con su aislacionismo!).

En todo caso, queda esperar. Ejercer la paciencia durante los próximos seis meses. Por cierto, virtud que nunca ha sido una de las fuertes de España.

J. R. Pin Arboledas, profesor del IESE. Cátedra de Gobierno y Liderazgo Público