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A renglón seguido

Dos trasquiladores… trasquilados

Enero 21, 2014

En la medida que hemos crecido como consumidores, han menguado nuestros criterios a la hora de elegir, por la contaminación externa, mientras hemos intentado mantener nuestras conductas  de libre elección.

Ya no nos vale con adquirir: pantalones de loneta (vaqueros), buscamos unos yankeejeans de nombre judío alemán –Levi´s Strauss-; ordenadores portátiles o de sobremesa, tienen que ser de los de la bíblica manzana –Apple-; bolsos de viaje que nos parten el espinazo, sino maletas Sansónite que “andén” sobre ruedas por las terminales; gafas para los que no las ven venir, sino que nos engorden el ojo haciéndonos incluso el francés –Allain Afflelou-; los entrañables filetes rusos de toda la vida, sino las “meat beef” vacunadas de McDonalds; zapatillas para la práctica del deporte, sino las de cámara del tipo Air Jordan, (“Nike” las regalaran); refrescos para apagar el fuego de la sed, sino alguno –de farmacia en sus orígenes- que ha traído mucha Cola; beber agua del caño con saludables trazas de metales pesados –cobre, plomo…-, sino embotellada en PETfectas condiciones para el consumo; jabón “Chimbo” para la higiene del cabello, sino académicos champús acondicionadores que fijan, dando brillo y esplendor a las poco académicas tomaduras de pelo del marketing… y, así, un sinfín de ejemplos de voraz y envolvente publicidad.  

Estamos influidos por, y en manos de, las marcas, sin las que nos sentimos desnudos e inseguros. La última que nos quieren vender es la llamada “Marca España”, que está presidida por Carlos Espinosa de los Monteros, un hombre de empresa que lidera este organismo impulsor de nuestra imagen en el interior y en el exterior. Claro que por mucho empeño que ponga esta entidad, si luego resulta, que ni tan siquiera eres invitado a la ceremonia  de  posible  elección de Madrid, celebrada en  Buenos –malos Aires, como sede olímpica…

La figura de este país se está viendo mancillada por decisiones políticas legislativas, contenidos de resoluciones judiciales, opiniones eclesiásticas, etc., que lesionan de forma traumática la osamenta de nuestra credibilidad dentro y fuera de nuestra piel de toro.

Corrupciones de ediles de guante blanco – Alcaldes y Concejales de Obras y Urbanismo-, destituciones de supervisores incómodos –Agencia Estatal de la Administración Tributaria-, casas y palacios donde se ha hecho lo que ha dado la real gana –Pedralbes y Zarzuela-, llamativas breves estancias en establecimientos penitenciarios –Miguel Blesa (Caja Madrid)-, sistemáticos engaños en calidad de estafa de entidades de ahorro –Participaciones Preferentes-, deudas escandalosas de entidades deportivas –clubes de fútbol-, sindicatos y partidos políticos sub júdice –U.G.T. y Partido Popular-, “trasquiladores trasquilados” –Elpidio y Garzón (Jueces)-, restricción de libertades –Ley de Seguridad Ciudadana-… y demás lindezas que decoran los salones de la decepción ciudadana, en los que brillan cada día con más intensidad el suelo de la desconfianza y el mobiliario de la desgana.

Lo curioso es, que el mal gestionado sistema que nos hemos dado –democracia-, sobrevive a pesar de la canalla; pero cuidado con la paciencia que solo ladra, puede llegar a morder.

Paco de Domingo