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Los puntos cardinales

Dos años sin Bin Laden no impiden la peligrosa expansión de su legado

Abril 29, 2013

Esta semana es importante para Barack Obama. Se le acumulan las conmemoraciones y los agasajos. Cumple cien días de su segundo y último mandato y su mente revive la que probablemente fuese la decisión más importante de su vida. Porque en la madrugada del miércoles al jueves se cumplirán dos años de la Operación Gerónimo con la que se logró cazar a Osama Bin Laden en su casa escondite en la ciudad paquistaní de Abotabad. No hay duda de que la red que crease el multimillonario saudí ha sufrido un considerable castigo y ha visto diezmadas sus posibilidades operativas. Sin embargo, la proliferación de grupos que hacen suya la causa de Al Qaida se le convierten en un problema multiplicado al presidente norteamericano. En Irak, por ejemplo, se han celebrado elecciones hace diez días, los primeros comicios sin presencia de tropas de Estados Unidos en el país. La jornada electoral estuvo precedida de atentados horribles y la ola de violencia no sólo no ha cesado sino que grupos sunníes radicales han llegado a hacerse con el control de una zona al norte de Bagdad. Irak vive al borde de un enfrentamiento civil en toda regla entre chiítas y sunníes. Y son los grupos radicales de esta confesión mayoritaria entre los musulmanes los que han abrazado la causa de Bin Laden, como lo demuestra su denominación de Ejército Islámico de Irak o Al Qaida de Mesopotamia. 

El peligro de Siria

Obama cumplió su palabra y sus soldados salieron de territorio iraquí y ahora prepara el repliegue de Afganistán antes de que concluya 2014. Por eso, por esa voluntad política de reducción de las costosísimas misiones militares en el extranjero, el presidente de Estados Unidos tiene ante sí un complicado dilema: Siria. Porque la guerra ha incorporado un nuevo y peligroso ingrediente que hay que analizar con todo detalle. La oposición denuncia que el régimen de Bashar El Asad ha empleado armas químicas contra los rebeldes, algo que no quedará demostrado hasta que el equipo de inspectores de Naciones Unidas concluya su trabajo sobre el terreno. En el Capitolio, los republicanos le exigen firmeza a Barack Obama. Saben que la Administración demócrata no se volcará activamente en el apoyo a los rebeldes, pero insisten en la necesidad de algún tipo de respaldo. La disyuntiva para el presidente norteamericano es aguantar con la presión conservadora en un extremo de la balanza, mientras en el otro se defiende el argumento de que los opositores sirios son un ejemplo de desunión, de tal modo que la ayuda de hoy puede acabar haciendo más fuertes mañana a los enemigos, a esos grupos que operan como franquicias de la base de Bin Laden. Uno de los grandes problemas que hacen que la tragedia siria se prolongue tanto tiempo es la división entre opositores moderados y rebeldes radicales que hacen suya la causa de Al Qaida. Así se explican las reticencias de la Casa Blanca a involucrarse en su favor.

Barack Obama recuerda aquella noche en la Sala de Crisis viendo a sus chicos del Equipo 6 de los Navy Seals acabando con el hombre más perseguido y más odiado en América. El mismo cuyos seguidores se han multiplicado en forma de fuerzas rebeldes sirias, de milicias sunníes antichiítas iraquíes o de lobos solitarios europeos.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.