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¡Qué fuerte!

¿Dónde está el espíritu de la Navidad?

Diciembre 22, 2011

¿Dónde está el espíritu de la Navidad? No lo encuentro por ningún lado. No está. Ha desaparecido. Lo busco en las personas que me rodean, en el día a día de la gente de la calle, de los anónimos con los que nos toca convivir obligatoriamente, y no aparece por ningún lado. Después de esperar en una larga fila de un oulet de relojes más de media hora para pagar un solo artículo, le pido amablemente a los 5 señores de delante que iban juntos, y con unos 20 artículos, que me dejen pasar porque sólo llevo uno y, además, pago en efectivo, lo que agiliza mi compra y pasa a ser de un solo minuto.

Sin mirarme si quiera a la cara, una desagradable mujer me responde un frío y seco NO que puedo entender porque todos llevamos rato esperando, pero que me enerva por sus maneras llenas de mala leche e indignación por mi petición. Mi respuesta no se hace esperar, pidiéndole disculpas rápidamente por tan grave osadía por mi parte y haciéndole ver que tampoco es para que se ponga así conmigo.

Acto seguido cojo mi coche para ir a comer con una amiga. Enfilo una calle buscando un aparcamiento desesperada porque llego 10 minutos tarde. Encuentro un sitio. Me he colado medio metro así que, doy marcha atrás para ocuparlo. La furgoneta que tengo detrás empieza a pitarme ilógicamente y sin sentido con el consabido griterío de su conductor. Me increpa, me insulta porque casi le doy. ¿Perdón? ¿Te he dado? ¿No verdad? Pues entonces grítame si te doy pero es que ¡no te he dado! A lo que me responde que ¡no le he dado porque me ha pitado que si no!  Es verdad, señor conductor de furgoneta cabreado y amargado de la vida, si no llega a ser por sus insultos y sus mil pitidos, le hubiera bollado su furgoneta, porque como no tengo ojos y aparco locamente sin mirar y soy mujer y voy arreglada, maquillada y con tacones, pues no tengo ni idea de conducir y menos de aparcar, por supuesto, faltaría más.

¡Que le hecho yo al mundo!

Bajo del coche y el señor de la ORA me está observando agazapado detrás de otro  vehículo para ver si me escapo o no. Me dirijo al expendedor de tickets para  sacar mi papelito y, desgracia, no tengo suelto. Así que tengo que entrar a un bar para cambiar un billete de cinco euros. Me dirijo al bar, pero me vuelvo justo cuando el “señor ORA” se dirige sigilosamente hacía mi coche para multarme. Le llamo la atención y le digo que, por favor, no me multe porque voy a por cambio para sacar el ticket. Sonríe y espera. A regañadientes, me cambian el billete en el bar. Por fin, pongo el bonito ticket en mi parabrisas. Tengo una hora. El único rato bueno, el de la comida. Una hora para engullir y ponernos al día. Bueno, en realidad he tardado una hora y cuarto. Cuando he vuelto al coche, corriendo, desde lejos veo al mismo “señor ORA” ¡¡¡¡poniéndome la multa!!!!! ¿Es posible que el “señor ORA” haya estado esperando una hora, merodeando por los alrededores, haciendo tiempo, para ver si me colaba o no de mi hora de la ORA para multarme? Si, es posible, vamos, que ha sido así. Cuando he llegado, el ya iba sonriente acera abajo con su buena acción del día. Y encima no llevo ni un mísero décimo terminado en 8. ¿Qué le he hecho yo hoy al mundo?

No soy la más buena del planeta pero si hubiera pasado al revés, os aseguro que yo si hubiera dejado pasar a la chica de los relojes, no hubiera pitado ni insultado al conductor y hubiera echado mi coche hacia atrás medio metro para dejarlo aparcar y hubiera seguido haciendo mi ronda y no hubiera vuelto a la hora justa para multar a nadie sólo por fastidiar. Feliz Navidad.

Rosana Güiza