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Mensaje en una botella

Don Quijote es un analfabeto

Abril 15, 2010

En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo absolutamente incapacitado para la vida moderna. En este siglo XXI pasas por ser un cursi cuando envías mensajes correctamente escritos, acentuados y puntuados a través del teléfono móvil. Eso ya no se estila porque te convierte en un ser anacrónico que nada tiene que hacer en la sociedad de la información.

Don Quijote nunca podría enviar un SMS porque sería incapaz de encontrar las palabras necesarias. El lenguaje abreviado para mensajes de texto ha llegado a tales extremos que su parecido con la lengua española es una remota coincidencia. Cuando un efecto se convierte en fx, algo grande es L, un beso es 1b o quererte mucho es tqm; cuando ocurre algo así, es mejor no ser un personaje de Cervantes.

Soy un cursi

España ya no es la del Siglo de Oro. Pero tampoco es la de los felices ochenta que sucedieron al franquismo, cuando la población trataba de levantar cabeza en medio de los meneos de la movida. España es un mensaje corto de teléfono móvil, un anuncio de intenciones codificado, una declaración urgente, una explicación resumida. No hay tiempo para más. Y al que envía mensajes correctamente escritos y puntuados, le llaman cursi.

A mí me lo llaman. Pero yo me resisto a recortar el lenguaje para ganar tiempo o ahorrar céntimos de euro. Prefiero perder unos segundos para conseguir resumir sin atentar contra las palabras. Ellas (las palabras) me han dado tanto, que no quiero pisotear su verdadero significado. Las amo. Nada sería sin ellas.

Las siglas que empleamos para referirnos a los mensajes de telefonía móvil (SMS) ya anuncian la brevedad de los mensajes (Short Messages Service significa Servicio de Mensajes Cortos). Pero ser parco en palabras no acarrea obligatoriamente convertirse en torturador de palabras, infligirles un castigo tal que consiga desmembrarlas y hacer que desaparezcan por completo.

Molinos de viento

Después de todo cuanto estoy escribiendo, lograré que no sólo me llamen cursi. Me haré acreedor a apelativos como exagerado, tremendista, alarmista o vaya usted a saber cuál. Lo sé. Y no me importa. Seguiré escribiendo con todas las letras. Seguiré acentuando y puntuando con todos los signos.

No es que quiera convertirme en Alonso Quijano. Pero prefiero expresarme como él, aunque ya no sea necesario postrarse de finojos cuando uno puede ponerse de rodillas. El ingenioso hidalgo resistiría mejor los envites de un molino de viento que los de lenguaje de un SMS. Don Quijote sería ahora mismo un analfabeto. 


Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com