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¡Qué fuerte!

Don Juan Carlos, chupe el bastoncillo

Enero 15, 2015

Ingrid Sartiau tiene 48 años, vive en Gante y tiene un papel en el que pone que es hija del Rey Juan Carlos. Así lo afirma en un acta notarial su madre, presunta amante durante tres noches en Marbella, del Rey. Ahí cuenta como se acostó con el entonces príncipe sin saberlo y que fue el conserje del hotel quien le dijo el último día quién era su apuesto amante bandido. La historia es flipante a la vez que irrisoria: voy a un notario y le cuento que me acosté con un príncipe tres noches sin saber que era príncipe. El conserje del hotel me pone al día. Me quedo preñada, 50 años después se lo digo a mi hija, le doy el papel que firmó el notario con mi historia y, a partir de ahí, a ver que pasa.

Lo mejor de todo esto es que la demanda interpuesta ante Tribunal Supremo, presentando dicho papel como prueba, ha sido admitida a trámite. Por un papel, sin más pruebas que un papel con la historia de una mujer firmado por un notario. Es increíble. No seré yo quien ponga en duda la palabra ni los hechos de nadie pero la prueba, a mi juicio, es insuficiente ya que, por esa regla de tres, cualquiera puede ir a un notario, contarle lo que le de la gana de otra persona y meterla en un lío así porque sí. Es por esto por lo que no me parece justo, a parte de que la historia sea fantasiosa o no.

Las ganas de algunos de ver al rey Juan Carlos en un juzgado

Por todos es sabido la golfa vida que ha llevado nuestro Rey. Ocultada siempre por los medios de comunicación pero mas que un secreto a voces, una evidencia, por lo que no sería de extrañar la posibilidad de que haya por ahí algún que otro bastardo, por otro lado, cosa tan típica de reyes. Pero si alguien se aventura a decir que es hijo de rey, no es que tenga que estar bien seguro, sino que tendrá que presentar las pruebas suficientes para así demostrarlo. Por eso me ataca esta duda con maldad incluida. ¿Por qué se admite a trámite una demanda de paternidad con tan poca fuerza? 

No me cabe otra que pensar en las ganas de algunos de ver al Rey presentándose en un juzgado si es que fuera necesario o, simplemente, por el mero hecho de verle envuelto en líos judiciales por culpa de sus famosos líos de faldas. Era de esperar. Al igual que es de esperar que, a partir de ahora, y siguiendo el ejemplo, proliferen algunas demandas de paternidad mas, y si no, al tiempo. ¿En qué cambiará la vida de la demandante? Si resulta ser verdad, simplemente en el orgullo y felicidad personal de saber que es hija de un rey y nada mas. Para nada mas le servirá a ella, y al Rey, con su edad y lo vivido, tampoco creo que deba preocuparle ya a estas alturas de la vida, de los hijos y de los yernos que ha tenido, que le salgan hijos sin ton ni son. La verdad, no me imagino a don Juan Carlos chupando un bastoncillo para ver si esta mujer es su hija o no. 

Rosana Güiza