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¡Qué fuerte!

Disculpe que sea mujer

Marzo 11, 2010

No soy feminista. Es más, los extremos me superan. El feminismo contiene la misma dosis de incongruencia e idiotez que el machismo; es una exaltación de los motivos por los que la mujer debería ser, ya no igual, sino más que el hombre y no se trata de eso. Se trata, más que de igualdad, de una cuestión de justicia. Hay que ser realistas y admitir que no somos iguales que los hombres, está clarísimo, en muchos aspectos y eso no quiere decir que seamos mejores ni peores, somos diferentes y ya está. Eso sí, lo que hay son grandes injusticias relacionadas con ambos sexos.
El lunes todos los medios de comunicación rebosaban noticias sobre el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Día absurdo que sólo sirve para sacar a la luz precarias situaciones laborales en las que la mujer está en inferiores condiciones que el hombre e injusticias que se cometen en el mundo contra las mujeres por falta de derechos humanos. Y digo absurdo, no porque estas cosas se saquen a la luz, que está muy bien, sino porque al día siguiente todos volvemos a nuestra rutina, hasta que el año próximo se vuelva a contar lo mismo porque las cosas siguen igual.Absurdo porque sólo se recuerda y no se actúa.
Es más, hoy viernes ya nadie se acuerda de lo prometido y reivindicado el lunes. Soy mujer y trabajadora, por eso celebro mi día el 1 de mayo, como el resto de hombres trabajadores. El 8 de marzo diferencia y hace inferior mi condición sexual y laboral. Precisamente si de conseguir la igualdad se trata, empecemos por celebrar lo mismo el mismo día. Lo que no me importaría sería celebrar el día de las desigualdades, injusticias e inferioridades femeninas.
Europa es el espejo en el que se miran el resto de civilizaciones para ver el progreso de la mujer. Aquí persisten los desequilibrios entre mujeres y hombres en las tasas de empleo, nivel de las retribuciones, tiempo de trabajo, puestos de responsabilidad, proporción de cuidados y tareas del hogar en cada uno, etc. Hay más mujeres con titulación universitaria que hombres, sin embargo son ellos los que tienen mejores puestos. Realizamos el mismo trabajo, incluso más, pero ellos ganan más dinero y son más valorados.

Problemas por ser mujer

Hemos tenido que salir de las tareas del hogar no reconocidas porque no se remunera y para no depender del sexo masculino y todavía seguimos realizando tareas en mayor proporción que ellos. Hay una gran falta de representación femenina en la toma de decisiones. Por ejemplo, en la Unión Europea, uno de cada cuatro miembros es mujer. Menos mal que en la India se acaba de aprobar una Ley que concede un tercio de los escaños del Parlamento a mujeres y, ¡ni se imaginan la que se ha liado con esto!
Problemas por estar embarazada, problemas por tener más de 45 años, problemas por tener dependencias familiares, etc. En definitiva, problemas por ser mujer. En algunos países musulmanes, la mujer es un mero objeto que no llega a ser tratada ni como persona. Los hombres han creado Leyes hasta para controlar el color de la ropa, han reducido tanto la edad del matrimonio de las niñas que se ha convertido en pedofilia, está justificada la violencia de género. En el África Subsahariana, el 80% de los alimentos lo producen ellas pero sólo poseen el 1% de la tierra que trabajan. Más de 125 millones son privadas de educación.
Sin contar las cientos de miles que mueren durante los partos por falta de asistencia, bien porque no pueden contar con ella por el extremo nivel de pobreza en el que viven o, simplemente, porque no tienen derecho a ser atendidas médicamente. Y cerca de 130 millones de mujeres son sometidas a la mutilación genital. En Ciudad Juárez se permite, sin ningún tipo de impunidad, el secuestro, violación y tráfico de mujeres a nivel mundial. Millones de mujeres son obligadas a practicar la prostitución para pagar deudas injustificadas o salvar a sus familias antes las amenazas varoniles.

El burka, una cárcel en vida

Me indigna sobremanera que el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, que no merece ser nombrado aquí, haya defendido la libertad de las mujeres para llevar el burka. Entre otras lindezas, este “machito inteligente con cargo” ha dicho que la prohibición de esta prenda puede suponer una invasión de su vida privada. Les voy a contar lo que supone en realidad esta prenda para las mujeres afganas.
El principal objetivo es evitar que se vean sus ojos y su rostro. Tienen que soportar unos 7 kg de peso en la cabeza. Llega hasta los pies para impedir la facilidad de movimientos y que puedan correr. No ven con claridad. Da calor. Aísla. Evita que se reconozcan entre ellas. A algunas les pegan por llevar los agujeritos más grandes para poder ver mejor. Hay hombres que vigilan las calles en busca de una uña pintada, un tobillo al aire o una risa furtiva. Se castigan con lapidación, amputación, tortura, flagelación y ejecución pública. Pueden ser compradas y vendidas como herencia. Tienen prohibido pasear solas, trabajar, estudiar y recibir asistencia médica. Una mujer embarazada es una mujer enferma. ¡Qué fuerte!
No creo que el burka sea una seña de identidad. Es una cárcel de tela. Una mortaja en vida. Habría que ponerle a este señor uno durante una semana, a ver como se siente y si se invade su vida privada o no con el. Qué pena y qué fuerte que todavía queden personas que piensen así y que sostengan, por ejemplo, que quedarse embarazada trunca una carrera profesional. Así nos va.
Después de hacer este breve repaso de la situación de las mujeres en el mundo no puedo evitar sentarme delante del televisor y avergonzarme y sentir pena de aquellas que dedican su tiempo a conquistar a un mujeriego, infiel, chulo e insulso, desnudándose y peleándose entre ellas en programas como “I Love Escassi” o “Mujeres, Hombres y Viceversa”. Repugnante.
En este mundo sólo estamos dos clases de personas, hombres y mujeres. Y si todo esto que he contado les sucede a las mujeres, una parte de culpa la tienen los hombres y algo tendrá que hacer la otra parte que no tiene culpa. Así que más actuación y menos celebración. ¡Ah! Y a los que no les guste, no les pediré disculpas ni perdón por ser mujer.

Rosana Güiza