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Los puntos cardinales

Diez años para aprender a decir “Ni Hao”

Marzo 20, 2013

Algunas dictaduras gustan de disfrazar su verdadera esencia con hábitos que, en el fondo, no dejan de ser mascaradas con apariencia de legitimidad democrática. Las   asambleas populares de esos países son sólo un remedo de los auténticos sistemas de democracia parlamentaria, y ese carácter grotesco lo confirma el nivel de aceptación de sus gobernantes. Ahí están los ejemplos del Irak de Sadam o de la Cuba de los Castro, con un respaldo en esas cámaras que se supone representan a la población tan exagerado como increíble. Hace unos días hemos visto cómo de los tres mil delegados que integran la Asamblea Popular de China, todos los delegados, votaban a favor del nuevo líder y sólo uno lo hacía en contra, lo que nos hace pensar que el díscolo acabará exiliado en la Manchuria o, por el contrario, ensalzado como ejemplo visible de la disidencia, en busca de alguna homologación o patrocinio democrático. El caso es que ese aplastante apoyo ha ratificado a Xi Jinping para manejar el timón del país durante la próxima década. El marxismo ortodoxo diseñaba la gobernanza de los estados en periodos de cinco años. Los planes quinquenales han estado en vigor incluso en Cuba, demostrando que las perspectivas económicas y la futurología rara vez son coincidentes. El caso chino es distinto porque el gigante asiático maneja unos indicadores inalcanzables para el resto del mundo. Son cifras reales y la nomenclatura de Pekín apuesta por mantener el rumbo, de manera que se siga logrando un 7,5% de crecimiento anual.

El nuevo Gobierno se enorgullece de su nacionalismo porque la certeza de ser la nueva gran superpotencia se lo permite. El régimen ha dado recientemente muestras de sentido común al condenar los desafíos atómicos de Corea del Norte, que hasta la fecha ha sido un satélite bajo su protección. Pero, al tiempo, ha hecho saber que no hay límites a sus ansias territoriales, lo que provoca recelos en las naciones vecinas. La experiencia nos demuestra que quien aspira a ser un superpoder se ve obligado a impulsar su capacidad militar. Estados Unidos es el mejor ejemplo, como lo fue La Unión Soviética de la Guerra Fría o el Irak de Sadam Hussein, del que se decía que contaba con el tercer mejor ejército del mundo. La capacidad militar china es incuestionable, y más si tenemos en cuenta que mientras  Occidente intenta salir de la asfixia de la crisis y debe recortar sus presupuestos armamentísticos, el nuevo régimen de Pekín se compromete a incrementar en más del 10% los gastos anuales de defensa, lo que se traduce en más de ciento diez mil millones de dólares. 

El lastre la burocracia

China se encamina hacia una transformación de su sistema que pasa por un adelgazamiento del peso del estado. Hasta ahora, una burocracia aquejada de elefantiásis era el lastre que permitía que los escalones más bajos se nutriesen con prebendas o favores. Hacer cualquier trámite en China exigía tratar bien a quien abría la puerta adecuada, de suerte que la corrupción acabó por extenderse por todos los rincones. Li Xinping se ha comprometido a terminar con esas costumbres arraigadas en todos los niveles de la administración. Pekín sabe, además, que por primera vez desde 1989 se registran concentraciones en las calles. Tienen un eco muy escaso, pero son un síntoma de que la modernidad acaba calando en una sociedad que puede adquirir artículos de lujo pero que no disfruta de ventanas por las que entre el viento del cambio.

Al lado de Xinping se sitúa Li Keqiang como primer ministro, a cuyo equipo incorpora a una mujer, Liu Yandong, y varios ministros con formación financiera internacional, como muestra de la decisión del país de convertirse en la primera potencia del planeta en los próximos diez años. En Estados Unidos se asume poco a poco que el centro de los negocios del mundo se trasladará de Wall Street a Shangai en esta década. Mientras tanto, les sugiero que se fijen en cuántas academias de sus barrios respectivos ofrecen cursos de mandarín. 

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.