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Los puntos cardinales

Diez años de “kirchnerato”, el reino de Midas

Mayo 21, 2013

Cuando uno se sube a un taxi de Buenos Aires y su marcado acento castellano delata la procedencia de la madre patria, estará garantizado que el trayecto pasará rápido porque se habrá iniciado una intensa conversación sobre dos asuntos posibles, o el fútbol o la política. Todo ello con la sonoridad y la gestualidad melodramáticas tan auténticamente bonaerenses. Sobre este segundo aspecto recuerdo que en mi último viaje a la capital argentina, en una de esas charlas, el conductor me dejó helado. Hablábamos de la familia Kirchner y al referirnos al desaparecido Néstor, el taxista aseguró casi gritando y mirándome en el retrovisor sin prestar atención al resto de los coches: “ese hijo de mil p… no murió. La vieja lo escondió por ahí para seguir mandando”. Desde luego, aunque macabra, es una anécdota que ilustra los sentimientos de amor/odio que despierta la pareja entre los habitantes de la nación austral, que se preparan divididos para recordar que el próximo sábado se cumplirán diez años de la llegada al poder del fundador de la saga. En realidad, para ser más exactos, habría que hablar del ascenso de “los Kirchner”, porque este justicialismo del siglo XXI tiene una fuente de inspiración en ese modelo que pareja presidencial que encarnaron Juan Domingo y Eva Perón en primera instancia y, fallecida ella y muerto él, con Isabel Martínez de Perón como viuda y presidenta hereditaria entre 1974 y 1976.

Ideario tan amplio como incomprensible

Los Kirchner se propusieron llevar a cabo cambios radicales en la sociedad argentina. A diferencia de Juan Domingo y de Isabelita, que no ocultaban sus simpatías con los movimientos nacionalsocialista y fascista europeos y con la ultraderecha porteña, el matrimonio Kirchner lideraba un proyecto situado al otro extremo del ideario peronista, que es tan amplio como incomprensible. La firmeza con la Néstor hizo frente al FMI le proporcionó un enorme prestigio entre las izquierdas del hemisferio americano. Argentina avanzaba en la defensa de los más desfavorecidos y de los marginados en razón de su orientación sexual. Pero, al mismo tiempo, se venían sucediendo oscuros episodios de enormes sumas de dinero de origen desconocido y de presiones a los grupos de comunicación hostiles. Por los pasillos de la Casa Rosa iban y venían personas de confianza procedentes de la ciudad de Río Gallegos, el feudo del matrimonio. Muchos de ellos carecían de la más elemental preparación, pero hacían ostentación de unos recursos económicos difícilmente explicables para sus paisanos. Pasaba el tiempo y una empresa de información, el Grupo Clarín, se convertía en enemigo del sistema creado por el matrimonio por denunciar los manejos de ambos, que lograban controlar todos los círculos de poder, privilegiando a sus amigos.

Recorrido cuesta abajo

La historia de este decenio, pues, es la de una recorrido cuesta abajo. Comenzó ilusionando a un país que intentaba recuperarse económica y emocionalmente de la crisis con la que arrancó el 2000 y acaba con la prensa, los sindicatos, los jueces y, lo más importante, los habitantes de algunas zonas metropolitanas de Buenos Aires sumidas en las carencias más extremas absolutamente en contra de la continuadora de la obra kirchnerista. Los detalles de esa gestión de Gobierno tan extraña se acumulan. Incluso ahora conocemos que la familia intermediaba en fichajes futbolísticos para lavar dinero.

CFK no huye de la polémica, es buena fajadora y se siente fuerte. Lo que no ha calculado es que la gran mayoría social de su país no admite que, en estos diez años, el patrimonio de la familia Kirchner haya incrementado en un ochocientos por ciento, en una muestra de realismo mágico. Piensen en esos textos literarios iberoamericanos en los que lo más extraño se volvía cotidiano.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.