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Otras opiniones

Di Stéfano medita repartir su herencia en vida por amor a su novia

Mayo 19, 2011

Alfredo Di Stéfano está enamorado. La afortunada se llama Gina González y es periodista. En este caso, la diferencia de edad no ha sido ningún problema para que Cupido les tocara con sus flechas. Y eso que es medio siglo el que les separa, pues ella tiene 34 años y él 84. Todo entre ellos marcha de maravilla. A diario, sobre la una y media de la tarde, comen en amor y compañía en un conocido restaurante madrileño. La imagen se ha vuelto habitual para el resto de comensales asiduos al local.

Gina, además de novia, ejerce también de ayudante. Un ejemplo claro lo encontramos en la crónica que Di Stéfano escribe para el diario Marca. Ella es la encargada de transcribir lo que él le dicta. Sin embargo, hay quien ha querido ver la mano de la periodista en las críticas que Alfredo vertió contra el juego del Real Madrid y las alabanzas al Barça, a propósito del partido de liga que ambos equipos disputaron el mes pasado. Así se expresó Di Stéfano en su columna: “Me gusta y me admira el gran dominio del juego que tiene el Barcelona. Su fútbol no se mira con los ojos sino con el alma. Tratan la pelota con respeto, adoración, casi mimándola. Ver a este equipo en acción es un deleite para todos… El Real Madrid fue un equipo sin personalidad. Este partido deberá dar las pautas para saber cómo afrontar el próximo, porque el planteamiento de intentar jugar al Barcelona a la contra se vio claramente que no es el más adecuado… Messi es el mejor del mundo, su fútbol es espectacular, no tiene rival “.

Di Stéfano, en la picota por sus alabanzas al juego del Barcelona

Lo cierto es que tanto Di Stéfano como Gina están convencidos de que su noviazgo hubiera seguido en el umbral de lo privado de no haber sido por la crónica mencionada en el párrafo anterior. Es público y notorio que la misma sentó como un tiro en el Real Madrid. Mou, fiel a su estilo habitual, no se mordió la lengua, y aunque reconoció que “Don Alfredo Di Stéfano es una de las personas más importantes de la historia del Real Madrid y yo no soy nadie en la historia del club. Por eso hay que respetar y no comentar…”, remató con un rotundo “el entrenador soy yo. Soy el que decide, el que hace los equipos. El entrenador soy yo, nadie más”. Y tiene razón, y si no que se lo pregunten a Valdano, que vive un auténtico annus horribilis desde que el portugués decidiera condenarle al ostracismo. Y, mientras tanto, Florentino a verlas venir.

Aunque todos saben pero callan los motivos, el caso es que a Gina González no le está permitido pisar el palco del Real Madrid. Se desconoce si es porque los caballeros del club blanco se han convertido en paladines de la moralidad o bien por sus lazos de amistad con familiares de Alfredo, quienes, por cierto, se oponen con uñas y dientes a este noviazgo donde el otoño se ha juntado con la primavera sin intereses económicos de por medio. De ahí que la periodista le haya dicho a Di Stéfano que reparta la totalidad de su herencia en vida entre los suyos, pues ella no quiere nada, tan sólo su amor. Don Alfredo medita sobre el asunto.

Por Joana Morillas

jmorillas@extraconfidencial.com