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¡Qué fuerte!

Desgastados por la vida

Junio 17, 2010

El pasado martes fue el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Jamás hubiera pensado que se tuviera que celebrar, en el sentido negativo de la palabra, un día a nivel mundial contra esto. Nunca se me hubiera pasado por la cabeza tener la necesidad de buscar un día en el calendario para señalar algo así. Qué fuerte que, por culpa de ese día, nos hayamos enterado de que más de 300.000 ancianos sufren maltrato en España. Lo mismo de fuerte que, por culpa de estos maltratos, se haya tenido que crear este día mundial. Y más fuerte todavía es que, en más de la mitad de los casos, los agresores sean los propios hijos. El que maltrata, lo hace por varias razones; porque está cansado de cuidar, porque en su día fue maltratado por esa persona a la que ahora tiene que atender o porque son intransigentes con las discapacidades de la persona mayor. Y los maltratados, no denuncian por razones de incapacidad o porque dependen, para su desgracia, de quién los maltrata.

Fíjense que cosas, que la “celebración” de este día sirva para erizarnos la piel y el alma con datos como estos. Porque es inevitable emocionarse al ver imágenes de una supuesta residencia de ancianos dónde los tienen hacinados en habitaciones de ocho, en camastros viejos y sucios, en pésimas condiciones higiénicas y humillados psíquicamente. Es inevitable sentir impotencia al oír la historia de una hija que no ha tenido más remedio que dejar a su madre a cargo de una, llamémosla niñera y, alertada y mosqueada, haya puesto cámaras en su casa para descubrir el trato vejatorio que le da a la anciana.

Recordar el pasado

Nuestros mayores olvidados, vejados, insultados, hechos inútiles, humillados. Esos mayores que estuvieron al lado de la cama en nuestras noches febriles. Que trabajaron horas y horas para poder darnos un mejor nivel de vida. Ancianos que se quitaban su pan para dárnoslo a nosotros… Benicia, mi abuela va a cumplir 91 años. 5 hijos, viuda a los 40 y toda la vida luchando por salir adelante amasando pan y luego despachando. Cuando voy a verla, le pido que me cuente sus cosas, me hace reír y nos reímos juntas, a veces llorar y también he llorado con ella. Otras nos enfadamos, pero es mi abuela. A penas ve. Un infarto. Cuando voy a verla la saco a dar un paseo. Antes era ella la que nos hacía los rosquillos, ahora se los hacemos nosotras a ella. Se empeña en vivir sola, pero no la dejamos sola. Y si está triste, sólo la compañía y el cariño consiguen sacarle una sonrisa y un poco de ánimo. Sólo necesitan eso, un poco de cariño, no quieren ni piden nada más, sólo cariño.

Crecer en el respeto

Las cosas llegan a viejas porque se desgastan. Ellos son viejos desgastados por la vida, viejos por el paso de los años, viejos porque ya no sirven. ¿No sirven? Sirvieron durante muchos años y ahora están ahí para transmitirnos experiencia y sabiduría, intelectual o de la vida. Y para darnos todo su cariño. Es el ciclo de la vida. Tenemos que cuidarlos porque a nosotros tendrán que cuidarnos también algún día y así, sucesivamente. Mi madre siempre me dice, “lo que hagas con los demás, luego harán contigo”. En esta vida todo se paga y, ese hijo que no aguanta a su padre o madre porque ya es viejo, porque está desgastado y porque ahora le estorba, que se vaya preparando porque, si llega a viejo, sus hijos le pagarán con la misma moneda, con lo mismo que vieron.



Rosana Güiza

rosanagüiza@extraconfidencial.com