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A renglón seguido

Desencorbatados y encamisados

Julio 27, 2015

Desde que nos desembolsan y ponemos los pies en la polvorosa tierra, allá por nuestro alumbramiento, asistimos a una buena colección de sonidos. El primero con el que nos topamos, es nuestro propio llanto, que, a juzgar por nuestra pertinacia, debe de tener alguna afinidad con el gutural del sueño: el ronquido, que nunca molesta al autor de la desacompasada composición, aunque sí a su encarecido entorno más próximo.

Con prontitud, también, nos asomamos al descubrimiento del procedente de: “entre dos piedras feroces, sale un hombre dando voces, ni lo ves, ni lo verás, pero por su olor lo reconocerás”, que patrimonializa asimismo la anterior particularidad de perturbar al prójimo con la musical monotonía de corta duración y fácil reconocimiento recogida en el impacto sonoro del hidrocarburo gaseoso incoloro que la genera.

Mucho ruido y pocas nueces

Con el transcurrir de los caducos años seguimos tomando contacto con otros que adquieren la categoría de ruido: como el de sables, tan frecuente en los casi siempre funestos episodios de la historia de la humanidad a través de los tiempos, al que son dados los colectivos de uniformados con galones y estrellas, destellante botonadura, bota de hebilla y tocado a modo de barco o de plato; o como el de abogados, tan laboriosos en la defensa de los intereses de todas las partes; eso sí, bajo minuta y suplidos.

El que se empieza a llevar estos días es el generado por la familia política; en especial la del grupo del Gobierno, que se emparenta con la naturaleza practicando la siembra de la expresión: mucho ruido y pocas nueces. Comienza a cocerse el caldo de cultivo de la precampaña de las generales, a penas terminadas las autonómicas y municipales, con los pretendidos nuevos métodos de los jóvenes retoños incorporados al redbulista partido, y el run run –no de Colau– de los tradicionales y sobados contenidos, que, visto lo visto, siguen dando, aunque peor, resultado en las urnas.

Cuatro años de inoperancia

Según los datos de la última EPA –no es una interjección, sino una encuesta- el empleo en España está creciendo, a pesar de que los datos de ocupados sean similares a los de finales del último tercio de 2011. O sea, que se han tirado por la borda de la inoperancia cuatro años con sus noches y sus días. Hemos crecido para regresar a donde ya estuvimos. ¡Somos unos campeones!

Del éxito por los nuevos incorporados al mercado laboral dice el Presidente: “Es un cambio con rostro social con nombres y apellidos”. ¿Acaso no es una característica de los que se encuentran del otro lado de la barrera: la del desempleo? Este es el grado de sensibilidad, o la falta de ella, que muestra nuestro Primer Ministro, quien ha asistido a un Foro Económico organizado por el periódico que más Razón tiene de todos los publicados.

Maroto y Maillo

También ha visitado la Fundación Tomillo, que, entre otras hierbas y especias, se encarga de la formación de los llamados “grupos más desfavorecidos”. Ahora se llama así a los ciudadanos que se encuentran apartados de opciones laborales claras: más de 750 mil hogares (1millón 650 mil personas en edad de trabajar) tiene cero ingresos. Asegura, por otra parte, que lo que no funciona y nos lleva al abismo son: “las ideas” –de los demás-, y lo que nos colma de beneficios y estabilidad: “la seriedad” –suya-; esto en un acto de pontificación y reafirmación ante los palmeros de su clac.

De entre los nuevos desencorbatados y encamisados del PP tenemos al remangado vicesecretario de Organización: el caballero Maroto, que tacha abiertamente de “delincuente” al milloneurista Bárcenas mientras prepara una tournée por la nación para tomar contacto con los eufemizados colectivos en riesgo de exclusión social. Aparece simultáneamente la figura del también vicesecretario Maíllo, quien busca que el camino del partido sea “más cercano, más abierto y más próximo”.

Ahora que paladean el amargo sabor de la derrota en sus propias carnes –aspiraba el primero a revalidarse como alcalde de Vitoria-, se arriman a las de los demás para darles cariño comicial bajo sus alas.

Paco de Domingo