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Otras opiniones

Descorazonador espectáculo

Septiembre 4, 2014

TURISTAS

       ¿Cuánto es?

       Dois euros – respondió en portugués españolizado.  

En el cristal del escaparate, se encontraba impresa la fecha de inauguración del local. La misma de nuestro nacimiento. Me pareció digno de una fotografía, después del considerable desembolso por un vino oporto. El camarero, movido por la curiosidad, salió a ver que captaba.

       ¿Bien? – preguntó.

Nada más lejos de mi intención, que darle la satisfacción de saber qué nos resultaba tan interesante, por si decidía poner precio al escenario de fondo de mi instantánea.

 
ARRABALES

La casa tenía un aspecto decadente. La ropa era tendida por una señora oronda desde una ventana. Otra mujer fregaba en la calle el acceso al portal del edificio. No había rastro de hombres. Un grupo de niños agitanados corrían por las escaleras en busca de algo. De repente resonó un ruido tronador, acompañado de temblor e inquietud sobre su cabeza. Miró hacía arriba, para observar el paso de un tranvía por el puente elevado. Descorazonador espectáculo. Entre las casas de la barriada estaban intrincados los pilares de puente que prestaba un buen servicio a la ciudad, a costa de arrebatar la paz a unos pocos: incesante repiquetear a lo largo del día, disgusto de los vecinos.

 
BRONCE

Ella continuó hablando, ajena a su nuevo estado de ánimo. Habían entrado juntos en la cafetería, conversando sobre un asunto común. Él se había quedado inmóvil mirando hacia el mostrador, absorto en lo que veía. Una niña de piel morena, con el pelo rizado estilo harlem y una expresión y belleza de rostro que embaucaban. No contaría con más de 6 años, pero resultaba vivaracha y resabida. Su compañera miró en la dirección de los ojos de él, vio a la pequeña y quedó sobrecogida. La niña, traviesa, bajó del taburete de un saltito y salió corriendo hacia su madre, seguida por la mirada condescendiente del camarero.

 
JUVENTUD

El concierto estaba a punto de empezar. Había una multitud formando grupos, que charlaban y bebían simultáneamente,  en sucesión continua de ambas cosas. Una pareja atendía a los músicos con interés, ajena al tumulto. Cerca de ellos había un cubo de basura negro. Con estruendo, una botella aterrizó en el cubo, a escasos metros de donde se encontraban. Un escalofrío corrió por su nuca. Se giró para encontrar al lanzador. Vio muchas caras, algunas miradas se cruzaron, pero no identifico al responsable. 

No hubo más lanzamiento de botellas. No obstante, decidieron retirarse a una zona más segura.

 
MANTENIMIENTO

Entró en la cocina para calentarse la comida. Un grupito miraba al techo al unísono, buscando el origen del ruido misterioso. Se unió a ellos. Había una rejilla justo donde nacía en sonido. Inquietos,  se preguntaron si se caería el falso techo sobre sus cabezas. El ruido crecía por momentos, un quejido seco y repetitivo. En ese momento entró el director en la estancia y presenció la escena. La plantilla mirando curiosamente a la rejilla del techo. El ruido insistente. Se acercó y valoró la situación. Había que llamar al técnico de mantenimiento. Todo volvió a la normalidad. Continuaron comiendo.

A la mañana siguiente,  el techo se había descolgado y un conducto de color plata asomaba arrogante en la estancia, apoyándose en el fregadero con aire burlón. 

 
© Javier González Cantarell