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Otras opiniones

Desahucios: la excepción de una justicia lenta

Noviembre 11, 2012

Le confieso que el otro día la rabia me hizo apagar la tele. Hablaban de un nuevo desahucio. Amaia Egaña, de 53 años, se había subido en una silla junto a la ventana y desde el cuarto piso se había arrojado al vacío. Hasta ahora, en nuestra profesión no nos ocupábamos de los suicidios en un ejercicio de responsabilidad para tratar de evitar el efecto mimético. Pero esto se ha acabado. Lo hizo, hasta donde llega mi conocimiento, el 12 de noviembre de 2010. En L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona, un hombre de 45 años, casado y con una niña menor de edad se ahorcó en la calle. Fíjese que no le importó sufrir la humillación de rendirse en público, no tuvo si quiera el pudor de hacerlo en privado y dejó que su cuerpo sin vida y derrotado fuera contemplado por los que por allí pasaban. Había pedido socorro a su ayuntamiento. Con la voz quebrada les imploró: “Ayúdenme a retrasarlo. Hace mucho frío para estar con mi familia en la calle”. El eco de su súplica resuena todavía entre las paredes del consistorio.

En julio de 2012, Isabel saltó al vacío desde el undécimo piso. Tres meses después en las Palmas de Gran Canaria un joven se suicidó desde un puente en el mismo día que le comunicaron el despido y que iba a ser desahuciado. Dos días después, en Granada, José Miguel, de 54 años, se ahorcó en su casa horas antes de que la comisión judicial se personase en su casa para arrojarlo a la calle.

520 desahucios al día

Menos mal que son pocos los que se rinden, porque los números escritos con la desesperación y las lágrimas de muchas familias dicen que en lo que llevamos de 2012 casi 50.000 personas han sido desalojados por la fuerza de sus casas o de sus locales. Si sacamos la media, ¡¡¡Unos 520 cada día!!!

Malnacidos sean banqueros y especuladores que no entienden de prórrogas ni perdones ni escuchan cada uno de los dramas familiares cada vez que solicitan un desahucio. En un época de crisis donde la solidaridad debe estar más presente que nunca, los que atesoran y mueven el dinero se han envuelto el corazón en hormigón armado y para no sentir nada no van ellos mismos a los desahucios sino que mandan a los que necesitan un trabajo a “quitarles” a sus prójimos las cuatro paredes que les dan cobijo. Algunos ahora en las redes sociales esgrimen contra ellos el artículo 143.1 del Código Penal que dice: “El que induzca al suicidio de otro será castigado con la pena de prisión de cuatro a ochos años”. Sinceramente le digo que es una auténtica necedad. Como lo es esa “solución” que recorre Internet y en la que se propone que para evitar el desahucio que alquiles por 50 euros al mes y durante 100 años la casa a un familiar. Que así no te pueden echar. Una leyenda urbana falsa que juega con el desconocimiento de quienes lo pasan mal.

Pero volviendo a los que manejan el dinero. ¿No le parece a usted que al banco y a los banqueros se les supone la falta de sentimientos y la avaricia, porque su único Dios es el dinero?

Hablemos de justicia

Pero ¿y la justicia? La segunda vez que tuve que apagar la televisión fue por la indignación que me produjo el escuchar a una mujer decir: “Sus señorías hacen lo que pueden, pero es que ellos tienen que cumplir la ley”. ¡¡Cómo se puede tener una cara tan dura!! Si hacemos memoria seguro que le ayudo a recordar. ¿Se acuerda de que Santiago del Valle, que asesinó a Mari Luz Cortés, estaba en libertad porque un juez no había cumplido la ejecutoria que obligaba al delincuente a entrar en prisión? Le pregunté a Bárbara Royo, abogada penalista y criminóloga, por este menester y me confiesa que hay mil casos así. Ella misma tiene varios procedimientos abiertos desde comienzos del 2000 y los respectivos juzgados no hacen absolutamente nada. Y de hecho ha esgrimido esta circunstancia para conseguir cientos de atenuantes por dilaciones indebidas por parte de los jueces. ¡¡Qué terrible crueldad!! Los delincuentes con buenos letrados se pueden aprovechar de los retrasos para rebajar su condena y en los desahucios da la impresión de que a sus señorías les persiguen una jauría de perros rabiosos y firman con celeridad.

Yes, they can

¿Por qué en los órganos judiciales hay causas que se retrasan años y años y los desahucios en cambio son express? ¿No pueden alegar sus señorías que tienen una carga de trabajo ingente y dejar estos asuntos debajo de las numerosas pilas de papeles que inundan sus despachos, al igual que se justifican cuando demoran la conclusión de una instrucción años a pesar de que los imputados son seres humanos privados, en ocasiones, de libertad. Además, nadie podría demostrar que lo hacen aposta. Es simplemente una cuestión de voluntad, empatía y compresión. Así que no vayan diciendo con ojos apesadumbrados que no les queda más remedio, porque sí tienen vías alternativas. Como diría Obama Yes, they can”.

En este pequeño repaso no quiero olvidarme de los políticos. Da la impresión de que sólo se mueven cuando hay algún cadáver sobre la mesa. Ya dudo si es por miedo a perder votos o porque realmente les conmueve la situación. Anuncian que algo van a hacer, pero de momento, los desahucios prosiguen.

Recientemente coincidí con un ex político, Julio Anguita, antiguo líder de Izquierda Unida, en la Taberna Salinas (se come de maravilla) de Córdoba. Lo conocía desde hacía años. Al margen de ideologías políticas, siempre me impresionó su rectitud, honestidad y conocimiento. Fue él quien tras la muerte de su hijo en la guerra de Irak se desahogó diciendo: “¡¡Malditas sean las guerras y los canallas que los apoyan!!”. Y yo le digo, malditas sean las crisis, los canallas que las provocaron y los que ahora se aprovechan de los más débiles.

Nacho Abad