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¡Qué fuerte!

Demonios como ángeles

Marzo 25, 2010

¿Qué tiene que pasar por las cabezas de algunas personas para hacer estas cosas? Es la pregunta que me hago cada vez que sale a la palestra una información sobre abusos sexuales a menores. En los últimos días leo constantes noticias sobre esto y no puedo evitar escandalizarme y estremecerme a la vez sólo de pensar que se le pueda provocar cualquier tipo de sufrimiento a un niño, y si es de este tipo, el dolor que me produce es aún mayor y más repugnante.

Vamos con los datos, para el que no los sepa. En América, según un estudio publicado en 2002 por The Economist, el 60% de los abusos se realiza en el entorno familiar, el 30% de los abusadores son personas conocidas, maestros, amigos de familia, sacerdotes, sólo el 10% son extraños. En Austria, los casos comprobados en instituciones relacionadas con la Iglesia católica son 17, mientras que ha habido otros 510 casos en otros ambientes. Por lo tanto no es sólo la Iglesia Católica la que debe afrontar abusos sexuales contra niños. De hecho son los menos. Pero son los que más repercusión tienen. En los últimos 70 años, cientos de niños han sufrido abusos sexuales por parte de sacerdotes irlandeses. 4392 sacerdotes católicos de EEUU estuvieron implicados en presuntos casos de abusos sexuales de 10.667 menores desde 1950 hasta 2002. En España, acaban de salir a la luz 14 posibles casos de abusos a menores, desde enero de 2001 hasta marzo de 2010. Escalofriante, ¿verdad? La Iglesia asume que hay al menos 25 sacerdotes y religiosos españoles implicados en casos de abusos sexuales en los últimos 20 años. Pero esto sólo lo reconoce el Vaticano, no así el Episcopado Español. Gran error que la Iglesia española supiese de estos casos y sólo se preocupara de taparlos y esconderlos para que no se hablase mal. Esto en España se nos da muy bien; aquí se tapa y se intenta ocultar todo lo malo que se hace para que no hablen mal de uno. Pues a lo hecho, pecho. Hubiera sido mejor que se hubieran reconocido estos graves delitos, se hubieran denunciado y que hubieran pagado por ello. Pero la Iglesia optó por quitarlos de en medio, cambiarlos de parroquia, incluso de diócesis, para evitar el escándalo. Porque siempre han dado prioridad a la protección de la Iglesia antes que a la protección de un niño. El problema está en creer que esto es culpa de la Iglesia y de todos los curas en general, y no es así, no señor. De un delito es culpable el que lo comete y nadie más. Aunque si hay alguien que lo oculta, se convierte en cómplice y, por lo tanto, también en culpable. Por eso la Iglesia debería haber denunciado estos casos ante la justicia para así apartar a estos enfermos desalmados de esos niños inocentes e ingenuos a los que se les ha truncado la vida y su felicidad.

Este tipo de delito no es una novedad, siempre ha existido, con la diferencia de que ahora vivimos en una civilización global, en una avanzada era de la comunicación que nos permite saber y sacar a la luz estos casos de pederastia. Pero no deberíamos pensar que se trata de un desprestigio para la Iglesia Católica. Deberíamos pensar que, independientemente de quién los cometa, ya sean curas, padres, profesores, etc., el escándalo es el mismo. Aunque parezca que es más incomprensible en los curas, debido a la ética, moral y valores que conlleva la religión. Pero son hombres al fin y al cabo, bajo un hábito, un traje de chaqueta o bajo un mono de kárate. Hombres bajo una ropa que tienen algo que les perturba la mente y son capaces de cometer tal atrocidad. Incluso algunos con sus propios hijos. ¿O no es esto igual o más escandaloso todavía? Padres que abusan de sus hijas, incluso llegan a tener hijos con ellas. Padres de los hijos de sus hijas… ¡qué fuerte! ¡Qué asco!

Solo le pido a la Iglesia que no tape, que no esconda, que no oculte, a estos enfermos que no merecen pertenecer a esta institución. Que los denuncie y los ponga en su lugar, dónde tienen que estar, entre rejas, y no en colegios enseñando religión o dando misa en las parroquias. Que se los quiten de en medio porque la Iglesia no tiene la culpa y no debe cargar con ello. O es que, si un político roba ¿ya todos son unos ladrones? Si un periodista miente, ¿ya todos son unos mentirosos?, si un abogado pierde un juicio, ¿ya todos son unos incompetentes?, si un albañil construye mal una casa, ¿ya todos son unos inútiles?, no, ¿verdad? Pues eso.


Rosana Güiza