Menú Portada
Otras opiniones

Demasiada realidad

Julio 4, 2014

DESCUBRIR

Con delicadeza cogió un trozo de carne del plato. Mientras se lo llevaba a la boca él la observaba. La última frase de ella retumbaba en su cabeza. ¿Cuándo había cambiado? ¡Llevaba enamorado en silencio de ella tantos años! Y ahora descubría que no era quien pensaba. Sintió tristeza en su interior, tristeza por él mismo. Por haber buscado compasión y empatía donde no había. Por no haber visto el egocentrismo. Ella levanto su mirada del plato y vio sus ojos empañados. Pero guardó silencio. Y él, calló el luto.

Luego ella describió una visión del amor que le conmocionó. Y se reconoció a sí mismo que la persona que estaba frente a él, era una auténtica desconocida.

FRAUDE

Perdió su mirada en el horizonte, más allá de los cristales del ventanal de su despacho. El informe era devastador. Y las consecuencias, lamentables. La empresa había caído un cincuenta por ciento en bolsa en una sola jornada. ¡Con los esfuerzos que había hecho por mantener el barco a flote! Ahora su nombre estaba en los periódicos. Uno más de los muchos casos que colapsaban la prensa en estos tiempos. Entró el presidente en su despacho y le miró fijamente, con el endurecido gesto facial de quien exige una respuesta.

       Nos han pillado – dijo el director financiero.

ADICTOS

Entró en su cuarto por tercera vez. La cena estaba lista y la esperaban en la mesa. Era el cumpleaños de su hermano.  Pero ella no les escuchaba. El mundo virtual formaba parte de su vida. Se había entretejido una maraña de realidad virtual y apenas podía distinguir qué estaba de cada lado. Tenía múltiples conversaciones de chats, apuestas en línea, videos, pequeños programas informáticos corriendo en la web para localizar información, una cena en familia, y una gran familia al otro lado del router. Su padre en la puerta era una imagen difusa para su saturada mente. Demasiada realidad. Apenas se dio cuenta cuando la ingresaron en el programa de desintoxicación de internet. Llevaba aproximadamente dos semanas sin despegarse de la pantalla, comiendo y durmiendo delante del monitor.

BÁLSAMO

– ¿Qué sientes cuando bailas? – le preguntó.

– Te diré lo que no siento. Cuando bailo, no siento el tiempo, ni siento la desidia que me produce quién está al otro lado del teléfono, ni el odio de quién me espera en casa. Cuando doy vueltas en la pista, no siento la frustración hacia la mujer con la que discutí antes de venir, ni la vergüenza ante el recepcionista del hotel donde voy todos los jueves con ella. No siento la decepción que me produjo cuando llamó a su compañía aseguradora para informarse si su póliza cubría el aborto. No siento angustia ni soledad, culpa ni enojo.

– ¿Y cuándo no bailas? – quiso saber con curiosidad.

– No lo sé, nunca me lo he planteado -. 

DESPEDIDA

Se congregaron alrededor del ataúd. Sus miradas gachas, observaban a su difunto familiar y apenas se miraban entre ellos, sino para descubrir alguna que otra lágrima que con disimulo trataban de ocultar. Tenían sentimientos encontrados, un amor atento y un temor cauto. En vida, no quedaba nadie indiferente ante su presencia. Su sentido del humor incisivo, su visión irónica de la vida y su mal genio que podía despertar pavor entre los más inseguros. Una personalidad única para una familia malherida por la pérdida, que al fin pudo liberar las lágrimas que antaño no había permitido en su presencia. Uno de los hijos, avergonzado por su comportamiento, sintió latir su corazón con furia por el alivio que le producía una lágrima al rodar por su cara. Había contenido demasiado tiempo la compasión por su padre. Y rompió a llorar, libre al fin, mostrando el amor reprimido que le profesaba y que no había podido manifestar.

VENTANA INDISCRETA

Era buena hora de despertar. Suficientes horas de sueño. Insinuó algo a su pareja al oído e hizo ademan de incorporarse. A través de la persiana se filtraban densos rayos de sol de un día que prometía luminosidad. Se podía colgar una tela de araña de los haces de luz. Observando cómo esta proyección atravesaba el estudio e iba a condensarse contra el mueble de la pared contigua, amenazando con incendiarlo, no se percató de que su mujer se había incorporado. Desnuda, hermosa, femenina, irrumpió entre los rayos para dejar una sombra esbelta de su perfil en la retina de él. Por un instante la imaginó a su espalda, el sol incidiendo rabioso contra su piel. Una llamarada invadió el interior de su cuerpo mientras el incendio ascendía hasta su cabeza, donde olvidó cualquier quehacer matutino. Una sola cosa pervivió en él, una intención más fuerte que el deseo que sentía por ella. El amor que le profesaba. 

EXPANSIÓN

Si alguien le ha causado un profundo avatar, ésa es ella. Por todo. Por nada. Por ser. Por estar en su vida.

© Javier González Cantarell